Trump amenaza con imponer aranceles a Apple y Mattel, usando su poder comercial para influir en decisiones empresariales clave.

El expresidente Donald Trump ha vuelto a recurrir a su herramienta preferida de presión económica: los aranceles. En las últimas semanas, ha amenazado públicamente con imponer medidas arancelarias a dos grandes corporaciones estadounidenses —Apple y Mattel— en respuesta directa a declaraciones y decisiones tomadas por sus respectivos directores ejecutivos.
Trump apuntó a Apple luego de que su CEO, Tim Cook, informara sobre el traslado de parte de la producción de iPhones desde China hacia India, una medida que no agradó al exmandatario. A través de su red Truth Social, Trump expresó que esperaba que los iPhones destinados al mercado estadounidense fueran fabricados en el país y advirtió que, de no ser así, Apple debería enfrentar un arancel de al menos el 25 %. Más tarde, intentó matizar la amenaza, señalando que ese gravamen se aplicaría a todos los teléfonos inteligentes importados, incluidos los de marcas competidoras como Samsung, para mantener la equidad comercial.
Aunque los teléfonos inteligentes están actualmente exentos de los aranceles impuestos durante su gobierno a productos chinos, Trump podría recurrir a la Sección 232 de la ley comercial estadounidense, que le permite aplicar aranceles si considera que ciertas importaciones representan una amenaza a la seguridad nacional. Esta herramienta legal ya ha sido utilizada para imponer gravámenes al acero, aluminio y otros bienes, y recientemente el gobierno ha iniciado una investigación bajo esa misma sección enfocada en productos con chips de computadora.
Sin embargo, expertos como Lizbeth Levinson, abogada especializada en comercio, advierten que Trump no posee autoridad constitucional para dirigir aranceles contra empresas específicas por nombre. La legislación requiere que cualquier impuesto de este tipo se aplique a categorías de productos completas y de manera uniforme en toda la industria. Además, una reciente sentencia del Tribunal de Comercio Internacional cuestionó la capacidad del Ejecutivo para imponer aranceles sin intervención del Congreso, aunque esta decisión fue temporalmente suspendida por un tribunal de apelaciones.
Mattel, por su parte, se convirtió en el segundo blanco de Trump luego de que su CEO, Ynon Kreiz, declarara que los aranceles existentes podrían obligar a la compañía a subir los precios de sus juguetes, pero que no trasladarían la producción a EE.UU. Trump respondió con una amenaza directa de aplicar un arancel del 100 % a todos los juguetes de Mattel, insinuando que la empresa perdería el acceso al mercado estadounidense si no cumplía sus exigencias. Sin embargo, hasta ahora no ha habido acciones concretas por parte del exmandatario ni aclaraciones oficiales sobre el alcance de esa medida.
Los analistas coinciden en que, más que buscar la implementación real de estos aranceles, el objetivo de Trump es ejercer presión para obtener concesiones simbólicas que pueda presentar como logros políticos. En muchos casos, se trataría de asegurar compromisos de inversión dentro del país o evitar que las empresas responsabilicen públicamente a los aranceles por el aumento de precios. Esta estrategia ya ha sido observada durante su presidencia previa, cuando utilizaba amenazas comerciales como una forma de negociación agresiva.
Desde el punto de vista político, imponer aranceles tan altos como los sugeridos podría tener consecuencias negativas para los consumidores estadounidenses, quienes verían incrementados los precios de productos tan populares como los iPhones o los juguetes de Barbie. Esa posibilidad representa un riesgo electoral para Trump, quien necesitará del respaldo del votante promedio si busca regresar a la Casa Blanca.
Por ahora, ni Apple ni Mattel han respondido a las solicitudes de comentarios, mientras el debate legal y comercial sobre estas amenazas sigue abierto.