Expertos advierten que muchos adultos mayores sufren anemia sin saberlo, al confundir sus síntomas con el envejecimiento. Un diagnóstico adecuado puede mejorar notablemente su calidad de vida.

Un número creciente de personas adultas mayores podrían estar padeciendo anemia sin saberlo, ya que sus síntomas suelen confundirse con señales comunes del envejecimiento. La fatiga constante, la sensación de frío, la dificultad para concentrarse, los calambres musculares y la disminución del rendimiento físico son algunas manifestaciones de esta condición que, con frecuencia, se atribuyen simplemente a la edad.
Tal fue el caso de Gary Sergott, enfermero anestesista jubilado de 78 años que presentaba síntomas persistentes como cansancio, palidez y malestar general. A pesar de que sabía que tenía anemia por una condición hereditaria que le causaba hemorragias frecuentes, durante años no recibió un tratamiento eficaz. Los médicos le recomendaban hierro en comprimidos, pero los efectos secundarios eran tan molestos —como náuseas y estreñimiento— que el tratamiento resultaba insostenible.
Finalmente, encontró alivio con un tratamiento intravenoso que recibe tres veces al año. “Es como llenar el depósito de gasolina”, comenta. Gracias a las infusiones de hierro, sus síntomas desaparecen y su calidad de vida mejora notablemente.
Este caso no es aislado. Según el hematólogo William Ershler, muchas personas mayores viven con anemia sin saberlo, ya que ni los médicos ni los propios pacientes identifican los síntomas como algo distinto al envejecimiento natural. Aunque los niveles de hemoglobina suelen medirse en exámenes rutinarios, la anemia frecuentemente no se registra ni se trata de forma adecuada.
Un estudio de casi 2,000 adultos mayores reveló que uno de cada cinco presentaba anemia según sus análisis, pero solo un tercio tenía el diagnóstico documentado. Las causas son variadas: deficiencia de hierro, falta de vitamina B12 o folato, pérdida de sangre por cirugías, úlceras o enfermedades crónicas como la diabetes, insuficiencia renal o problemas cardíacos.
Mary Dagold, de 83 años, también descubrió que su agotamiento persistente no era simplemente una consecuencia de la edad. Después de múltiples cirugías, su anemia no desaparecía. Comenzó entonces a recibir hierro por vía intravenosa cada cinco semanas, con lo que pudo retomar actividades como la clase de aeróbic acuático. “Tardas unos días, y luego te sientes lo bastante bien para seguir con tu vida cotidiana”, explicó.
Aunque el tratamiento con hierro intravenoso es más costoso que los comprimidos, es cubierto por Medicare en los casos donde el tratamiento oral es ineficaz o no tolerado. Los expertos también advierten que la anemia no tratada puede empeorar enfermedades crónicas o, en casos severos, derivar en infartos o accidentes cerebrovasculares.
Preocupa además que la pérdida de hierro puede ser indicio temprano de cáncer gastrointestinal. Por eso, especialistas insisten en que los pacientes y sus familiares deben estar atentos a los resultados de los análisis de sangre. La Organización Mundial de la Salud establece niveles normales de hemoglobina en 13 g/dl para hombres y 12 g/dl para mujeres no embarazadas, aunque algunos expertos consideran que estos rangos deberían actualizarse.
La recomendación clave es simple: si te has hecho un hemograma en los últimos meses, consulta tus niveles de hemoglobina. Si están fuera del rango o han cambiado desde la última revisión, es momento de hacer preguntas y descartar anemia, una afección tratable que puede marcar una gran diferencia en la vida de las personas mayores.