Trump impulsa su experimento económico con recortes fiscales y aranceles

El presidente Trump ha concretado su agenda económica y ahora es directamente responsable del rumbo financiero del país.

Trump

En menos de seis meses de su segundo mandato, Donald Trump ha materializado una parte sustancial de su visión económica, marcando un punto de inflexión en la historia reciente de Estados Unidos. Con recortes fiscales millonarios, políticas migratorias más estrictas, una ola de desregulación federal y una nueva ofensiva arancelaria, el mandatario ha consolidado una estrategia de alto riesgo que pone a prueba las advertencias de los economistas.

Trump firmó recientemente una ley que extiende y amplía las reducciones fiscales implementadas en su primer mandato. Este paquete incluye beneficios impositivos para empresas, adultos mayores y ciertos trabajadores, y aunque muchos contribuyentes de altos ingresos saldrán beneficiados, el costo de estas medidas —más de 3 billones de dólares— se financiará mediante severos recortes a programas sociales. Analistas alertan que esta política podría profundizar la desigualdad y empujar la deuda nacional a niveles no vistos desde la Segunda Guerra Mundial.

A la par, el presidente ha iniciado una nueva ronda de amenazas comerciales al anunciar aranceles del 40 % a 14 países, que podrían ampliarse a siete naciones más en agosto. También ha prometido nuevos gravámenes a medicamentos, chips y cobre, elevando la tensión global y encareciendo bienes estratégicos. Su equipo estima que estas medidas podrían recaudar hasta 300 mil millones de dólares este año.

Sin embargo, los efectos de estos movimientos ya se sienten: aunque la economía ha mostrado resistencia —con una baja tasa de desempleo del 4.1 % y la creación de 147,000 empleos el mes pasado— sectores clave como la manufactura y el comercio minorista comienzan a desacelerarse. A su vez, el gasto del consumidor se ha debilitado y los economistas temen que esta estrategia comercial impacte negativamente en la inflación, la inversión y el poder adquisitivo.

El Laboratorio Presupuestario de Yale estima que el estadounidense promedio perderá 2,300 dólares en ingresos este año por efecto de los nuevos impuestos. Aun así, la Casa Blanca desestima estas proyecciones, afirmando que los precios de bienes importados han caído, lo cual contradice la preocupación por la inflación. No obstante, expertos independientes cuestionan la metodología utilizada por el equipo de Trump.

Otro frente de tensión es la relación con la Reserva Federal. La incertidumbre generada por las políticas arancelarias ha paralizado al banco central, que se rehúsa a modificar los tipos de interés mientras evalúa el impacto de las decisiones presidenciales. Trump, por su parte, ha culpado a Jerome Powell, presidente de la Fed, por no bajar los costos de endeudamiento, etiquetándolo como “Señor Demasiado Tarde”.

En el fondo, las acciones del presidente constituyen un experimento económico de proporciones históricas. Si bien Trump asegura que su estrategia generará crecimiento y reducirá el déficit, analistas como Maya MacGuineas y Glenn Hubbard advierten que las proyecciones oficiales son excesivamente optimistas y podrían traer consecuencias graves a largo plazo. La pregunta que domina el debate ahora es si Trump está liderando un resurgimiento económico… o dirigiendo una economía hacia el abismo.

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