Israel entre la diplomacia y los bombardeos: su ambigua estrategia en Siria

Israel intensifica ataques en Siria mientras mantiene negociaciones secretas, mostrando una estrategia ambigua y marcada por presiones internas y amenazas regionales.

Siria

Israel ha adoptado una postura ambigua respecto a Siria, al combinar ataques militares con conversaciones diplomáticas a puerta cerrada. En medio de este aparente doble juego, ha buscado acuerdos con el gobierno sirio, que actualmente está en manos de islamistas radicales que tomaron el control de Damasco a finales del año pasado. Estas negociaciones, aún sin resultados claros, tienen como trasfondo la larga disputa por los Altos del Golán, territorio que Israel capturó durante la guerra de 1967.

A pesar de las señales de diálogo, Israel llevó a cabo esta semana una serie de bombardeos contra instalaciones del régimen sirio, incluso en la propia capital. Las acciones militares pusieron en duda la posibilidad de una distensión duradera, reflejando una estrategia militar que responde tanto a amenazas externas como a presiones internas. Para muchos analistas, este giro agresivo se explica por el trauma dejado por el ataque sorpresa de Hamás en octubre de 2023 y por los recientes éxitos israelíes contra Hizbulá e Irán, que han envalentonado a su cúpula militar.

Itamar Rabinovich, exnegociador israelí con Siria, describió esta estrategia como una combinación contradictoria de miedo e ímpetu, donde prevalece el uso de la fuerza sobre la diplomacia. Desde Washington, las acciones israelíes han generado incomodidad, especialmente porque Siria mostró disposición a desescalar las tensiones. Un funcionario estadounidense reveló que Estados Unidos intervino para mediar un entendimiento que evitara una escalada mayor.

El motivo inmediato de los ataques israelíes fue el despliegue de fuerzas sirias en el suroeste del país, donde intentaban controlar enfrentamientos tribales. Aunque las tropas sirias estaban mal equipadas, su presencia reavivó la preocupación israelí de que el nuevo gobierno sirio busque acercarse a la frontera. Israel, desde diciembre, ha ocupado sectores de esa región para frenar movimientos que considere hostiles.

Internamente, Israel también se ha visto presionado por la comunidad drusa, que protestó enérgicamente tras recibir reportes de abusos contra sus pares en Siria. Videos sin verificar, difundidos en redes sociales, habrían mostrado escenas de humillación de drusos a manos de islamistas, lo que detonó la indignación. El primer ministro Benjamín Netanyahu justificó la ofensiva en Siria como un esfuerzo por proteger a esta minoría y mantener la desmilitarización al sur de Damasco.

Unos 150 mil drusos viven bajo jurisdicción israelí, muchos de ellos en los Altos del Golán. A diferencia de otras comunidades árabes, los drusos suelen prestar servicio militar, incluso alcanzando altos rangos. Esta integración ha generado un vínculo complejo entre ellos y el Estado israelí, aunque también se han sentido marginados, especialmente tras la aprobación de una ley en 2018 que cuestionaba su estatus.

Rafik Halabi, alcalde de una ciudad drusa en Israel, señaló que las manifestaciones de su comunidad influyeron en la decisión del gobierno de actuar militarmente. No obstante, dudó que Israel busque una intervención prolongada, ya que altos funcionarios le han expresado posturas más cautelosas.

En este contexto, las esperanzas de un acuerdo diplomático con Siria se han debilitado. El presidente sirio, Ahmed al Shara, acusó a Israel de fomentar el caos. Sin embargo, expertos creen que Israel aún aspira a firmar un pacto limitado de no agresión. Según la analista Carmit Valensi, las exigencias actuales de Netanyahu podrían ser parte de una estrategia inicial, con la intención de llegar eventualmente a un compromiso que permita el regreso de tropas sirias al suroeste sin representar una amenaza directa para Israel, siguiendo el modelo de un acuerdo firmado en 1974 con el anterior régimen sirio.

Así, Israel se mueve en una línea estrecha entre diplomacia y fuerza, tratando de garantizar su seguridad en un entorno regional cada vez más volátil, sin perder de vista sus compromisos internos y sus objetivos estratégicos de largo plazo.

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