Cáncer de hígado: hasta el 30% de los casos podrían estar ligados a micotoxinas en alimentos, alerta la UNAM

Micotoxinas de mohos como Aspergillus, Penicillium y Fusarium podrían estar detrás del 30% de los cánceres hepáticos, alerta experta de la UNAM.

micotoxinas

Los hongos presentes en alimentos de consumo cotidiano podrían ser responsables de entre el 5 y el 30 por ciento de los casos de cáncer de hígado en el mundo, según alertó la científica mexicana Sara Esther Valdés, académica de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Esta advertencia se centra en la presencia de micotoxinas, sustancias tóxicas que derivan del metabolismo secundario de ciertos mohos y que, al contaminar los alimentos, pueden resultar altamente dañinas para la salud humana y animal.

Valdés explicó que las micotoxinas son producidas por mohos como Aspergillus, Fusarium y Penicillium, y proliferan especialmente en ambientes húmedos, por lo que tienen una alta capacidad para instalarse en los alimentos, desde el cultivo hasta su almacenamiento, venta y consumo. Una de las más peligrosas es la aflatoxina, un compuesto generado principalmente en productos como el maíz o el maní, y que ha sido ampliamente estudiado por su potencial efecto cancerígeno a largo plazo.

La especialista advirtió que estas toxinas no sólo representan un riesgo individual, sino un problema de salud pública global. La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) estima que el 25 por ciento de las cosechas mundiales de granos están afectadas por micotoxinas, lo que no sólo merma la calidad alimentaria, sino que genera pérdidas económicas que ascienden a miles de millones de dólares al año.

Aunque existen normativas internacionales para establecer niveles máximos permitidos de micotoxinas en alimentos, la académica subrayó que su cumplimiento es desigual. Mientras la industria formal sigue estas reglas, los pequeños productores suelen desconocerlas por completo, lo que incrementa los riesgos para los consumidores en general.

Las consecuencias de la exposición a estas toxinas no se limitan al cáncer de hígado. Las micotoxinas también pueden generar mutaciones genéticas (mutagenicidad), desequilibrios hormonales, problemas gastrointestinales, renales, nerviosos y vasculares, así como inmunosupresión, debilitando al organismo frente a infecciones.

Para evitar estos riesgos en el entorno doméstico, la especialista recomendó mantener la cocina limpia, almacenar los alimentos en envases adecuados y refrigerarlos, así como planear la compra para evitar desperdicios y, por tanto, la acumulación de comida que puede convertirse en vehículo de esporas. También explicó que las esporas actúan como semillas: permanecen latentes hasta encontrar las condiciones propicias para desarrollarse y convertirse en un hongo activo.

En conclusión, Valdés instó a generar conciencia sobre la presencia de micotoxinas en la cadena alimentaria y a fomentar medidas de prevención tanto a nivel industrial como doméstico, para proteger la salud de millones de personas.

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