Este 22 de julio será el segundo día más corto del año por una aceleración en la rotación terrestre, un fenómeno que podría provocar un segundo bisiesto negativo en 2029.

Este 22 de julio no será un día cualquiera: será el segundo más corto registrado desde que existen mediciones modernas, de acuerdo con información difundida por el portal especializado Space.com. Aunque la diferencia será prácticamente imperceptible en la vida diaria, el fenómeno podría tener implicaciones científicas y tecnológicas sin precedentes.
Según las observaciones de los relojes atómicos, la Tierra completará su rotación este martes 1.34 milisegundos antes de las tradicionales 24 horas. Este ajuste milimétrico convierte al 22 de julio en el segundo día más corto registrado desde 1973, cuando comenzaron las mediciones de alta precisión. Solo ha habido un día más corto hasta la fecha, registrado en 2020.
Este comportamiento anómalo ha encendido las alertas entre científicos, pues de continuar esta tendencia, podría ser necesario implementar un “segundo bisiesto negativo” alrededor del año 2029. Este ajuste consistiría en restar un segundo a los relojes atómicos —algo que jamás se ha hecho en la historia— y podría representar un cambio importante en los sistemas de sincronización global.
La rotación acelerada de la Tierra no se alinea con los modelos oceánicos y atmosféricos actuales. Aunque se han planteado varias teorías, la principal apunta a una alteración en el núcleo terrestre, específicamente por la reducción de líquidos en su interior. Otras causas complementarias podrían ser el derretimiento de los hielos polares y el aumento del nivel del mar, aunque estas no serían las responsables directas del fenómeno.
En condiciones normales, la rotación terrestre se desacelera de manera paulatina debido al efecto de las mareas lunares, lo que ha llevado en ocasiones a añadir un “segundo bisiesto” para mantener alineados los relojes con el tiempo solar. Sin embargo, un segundo negativo implicaría lo contrario: quitar tiempo, algo que podría impactar directamente en sistemas como los GPS, redes de telecomunicaciones, sistemas bancarios y la infraestructura tecnológica global.
De mantenerse esta tendencia, los científicos anticipan que antes de que termine la década, la humanidad podría enfrentarse a un ajuste temporal sin precedentes, poniendo a prueba la forma en la que medimos y sincronizamos el tiempo en todo el mundo.