El Narco Ratón: Presos entrenan ratas para contrabandear droga en cárceles

Presos en cárceles de Brasil y Reino Unido usaron ratas, vivas y muertas, como mulas para contrabandear droga y objetos ilegales en elaborados esquemas criminales.

 ratas

El contrabando dentro de las prisiones es uno de los delitos más comunes en todo el mundo, según el Instituto Nacional de Justicia (NIJ) de Estados Unidos. Desde armas y teléfonos celulares hasta drogas, los internos desarrollan métodos cada vez más ingeniosos para burlar la vigilancia.

Uno de los casos más llamativos ocurrió en 2015 en la prisión de Barra da Grota, en Araguaina, Brasil, donde un grupo de presos entrenó a un ratón para transportar drogas entre los pabellones A y C. El animal, al que amarraron un hilo de crochet a la cola, trasladaba pequeñas dosis de cocaína y marihuana, además de chips de celulares. Según reportó AFP, el roedor logró mover hasta 23 dosis de cocaína y 29 bolsas con marihuana antes de ser descubierto.

El hallazgo sorprendió tanto a las autoridades que apodaron al animal “Narco Ratón”. Tras asegurarlo, en lugar de encarcelarlo, lo liberaron en un bosque cercano. El caso llamó la atención de expertos, ya que estudios europeos advierten que las ratas pueden desarrollar adicción a la cocaína, presentando comportamientos agresivos similares a los de los humanos adictos.

Años después, en 2019, otro caso conmocionó al Reino Unido. En la prisión de Guys Marsh, los internos usaron ratas muertas como contenedores para introducir drogas, tabaco y teléfonos móviles. Según un reporte de la BBC, los roedores eran abiertos, rellenados con mercancía ilícita y lanzados por encima de las vallas del penal. Entre los hallazgos se encontraron especias, cannabis, cinco celulares, cargadores y tarjetas SIM.

El método fue catalogado como una “alerta roja” para las autoridades penitenciarias, que ya habían enfrentado intentos similares mediante drones, pelotas de tenis y hasta palomas.

Aunque parezca surrealista, entrenar roedores es posible. Investigaciones indican que, mediante refuerzo positivo, las ratas pueden aprender tareas específicas, aprovechando su gran memoria y comportamiento social. Sin embargo, este tipo de prácticas revela hasta qué punto puede llegar la creatividad criminal para vulnerar la seguridad carcelaria.

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