¿Vuelve a la escuela el examen escrito? IA lleva a docentes a buscar nuevas formas de evaluar

Docentes buscan nuevas maneras de evaluar debido al auge de textos generados por la Inteligencia artificial, en algunos casos regresando al método manuscrito.

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En aulas de secundaria, facultades universitarias y carreras terciarias, docentes enfrentan un nuevo desafío: repetidos casos de entregas hechas completamente con inteligencia artificial. Como respuesta, muchos han decidido retomar los exámenes escritos a mano —el tradicional “saquen una hoja”— como única garantía de que el estudiante está aplicando sus propios conocimientos y habilidades cognitivas, y no simplemente copiando respuestas generadas por ChatGPT u otras plataformas.

La profesora de Lengua y Literatura y formadora Anabella Díaz relató que, al enviar una consigna domiciliaria, solo dos estudiantes realizaron el trabajo por sí mismos; el resto usó IA para generar respuestas impecables. Ante esto, Díaz complementó la evaluación con una defensa oral, aunque reconoce que no siempre resulta viable debido al tiempo que implica para docentes con múltiples cursos.

Este retorno a lo tradicional responde a una preocupación mayor: según la especialista, la lectura y escritura son fundamentales para aprender. “La IA elimina el pensamiento crítico y el proceso cognitivo. Nos convertimos en estibadores del conocimiento: entregamos cajas —archivos— a la IA y esta nos regresa respuestas sin que nadie las digiera”, reflexiona.

Sin embargo, hay docentes que advierten que exigir escritura en papel crea situaciones distantes de la vida real. Propicienjas como Jimena Venturelli, docente de Historia, optan por evaluaciones presenciales con autores y documentos, o pruebas a libro cerrado, en equilibrio entre lo presencial y lo digital.

En ese sentido, expertos en educación, como Mariana Maggio (UBA), sostienen que la solución no está en regresar al pasado, sino en adaptarse, integrando la IA de manera crítica en la enseñanza. Sugieren evaluaciones colaborativas que mezclen escritura, defensa oral e intervención con IA, como el análisis de alternativas generadas y reflexión sobre su origen.

Mariana Ferrarelli (UdeSA) aboga por el «doble carril»: instancias sin tecnología —para comprobar conocimientos básicos— junto a actividades que asumen el uso responsable de IA. Crear un “contrato pedagógico” con porcentajes mínimos de IA usado y transparencia en prompts y respuestas es también una propuesta interesante.

La discusión se sustenta en la urgencia de redefinir qué se evalúa y qué se considera aprendizaje genuino. Roxana Morduchowicz (Unesco) propone evaluar el razonamiento, la argumentación y la capacidad de discernir información, más que la memorización. En tanto, Paola Dellepiane, de la UCA, sugiere explorar la metacognición: que los estudiantes expliquen el proceso de pensamiento, la elección del prompt y evalúen los límites de la IA.

Este debate se enmarca en una tendencia global: el “plagio con IA” ya supera al tradicional en universidades británicas, aunque los detectores automáticos muchas veces no logran distinguirlo. En respuesta, ChatGPT lanzó un modo “Estudia y aprende” que, en lugar de dar respuestas directas, guía al usuario con preguntas y pistas para que comprenda por sí mismo.

En Argentina, el Estado ya instaló en la agenda esta emergencia educativa: el programa PAIDEIA y la creación del Observatorio de IA en Educación buscan diseñar marcos éticos y normativos. Pero los docentes reclaman capacitación y respaldo concreto en las aulas.

Como concluye Díaz: “Si los estudiantes no desarrollan la habilidad de leer, escribir y pensar por sí mismos, toda innovación educativa se vuelve una ilusión. El verdadero problema no es el uso de la IA, sino si realmente comprendemos lo que genera y podemos ir más allá”.

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