Orden de Trump contra cárteles revive el fantasma de la doctrina Monroe

La orden de Trump de usar fuerzas militares contra cárteles latinoamericanos reaviva el temor a la injerencia de EE. UU., recordando un largo historial de intervenciones y tensiones por la soberanía regional.

Trump

Hace apenas una década, el gobierno de Barack Obama declaró “muerta” la doctrina Monroe, símbolo histórico de la supremacía militar estadounidense en América Latina. Hoy, esta política exterior parece revivir tras la orden del presidente Donald Trump al Pentágono de emplear la fuerza contra cárteles de la droga en la región.

La medida ha encendido las alarmas, especialmente en México y Venezuela, cuyos gobiernos han sido señalados por Trump como albergues de grupos terroristas vinculados al narcotráfico. Analistas advierten que esta decisión podría agravar el sentimiento antiestadounidense y reactivar tensiones históricas sobre la soberanía.

En varios países, como Ecuador, persiste un escepticismo profundo hacia la presencia de tropas extranjeras, alimentado por un largo historial de intervenciones militares de EE. UU. en la región: desde el golpe de 1954 en Guatemala, hasta la invasión de Panamá en 1989 para derrocar a Manuel Noriega. Casos como la ocupación de Haití y República Dominicana, las operaciones en Nicaragua y la guerra mexicano-estadounidense de 1846–1848 han dejado huellas duraderas en la memoria colectiva.

Expertos como Alan McPherson señalan que estas experiencias consolidaron en América Latina una firme defensa de la soberanía nacional y el principio de no intervención. La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, rechazó tajantemente la posibilidad de una incursión militar estadounidense, advirtiendo que dañaría la cooperación bilateral.

En Venezuela, Nicolás Maduro acusó a Trump de buscar generar guerras, mientras algunos opositores al régimen ven la medida como una oportunidad para derrocarlo, recordando la “Operación Causa Justa” en Panamá. Sin embargo, intervenir en países grandes como Venezuela o México representaría un cambio significativo en la estrategia estadounidense, tradicionalmente enfocada en naciones más pequeñas.

Para críticos como Christopher Sabatini, la orden de Trump toca fibras históricas y emocionales en la región. Aunque reconoce que, a lo largo de la historia, siempre ha existido una facción que presiona a EE. UU. para intervenir, la medida refuerza un debate que parecía superado: el de la injerencia militar en América Latina.

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