El criminólogo José Carlos Hernández alertó sobre la trata de menores en México y urgió legislar y armonizar criterios de investigación ante la insuficiencia de políticas públicas para protegerlos.

El criminólogo especializado en conducta criminal y delincuencia organizada, José Carlos Hernández, advirtió que las leyes vigentes en México resultan insuficientes para combatir la trata de personas, particularmente la que afecta a niños, niñas y adolescentes. Señaló que es necesario legislar y armonizar criterios de investigación para enfrentar este delito con mayor eficacia.
De acuerdo con el especialista, las formas más comunes de trata que involucran a menores incluyen la prostitución ajena, explotación sexual, trabajos forzados, utilización de las víctimas en actividades delictivas, esclavitud y mendicidad forzada. “Aunque existen leyes protectoras, los menores no están plenamente incluidos en la agenda gubernamental, y eso los deja en un estado de alta vulnerabilidad”, subrayó.
Explicó que la denuncia de estos delitos se dificulta por varios factores: la priorización de otras investigaciones, la complicidad entre delincuentes y autoridades, la falta de credibilidad hacia las víctimas e incluso la participación de padres en algunos casos.
Hernández detalló que la trata se define como cualquier acción u omisión intencional para captar, transportar o retener a una persona con fines de explotación. En México, dijo, se han clasificado al menos 11 hipótesis delictivas vinculadas, como explotación laboral, mendicidad forzada y esclavitud.
El criminólogo calificó como alarmante la frecuente participación de menores en redes de delincuencia organizada, no sólo en actividades de narcomenudeo, sino también en delitos como tráfico de migrantes, robo de vehículos, secuestro y extorsión, dentro de un fenómeno que denominó “hibridación criminal”.
Aseguró que tres elementos principales sostienen la trata de personas: la planeación de alta dirección, la operación de redes criminales y la utilización de medios de comunicación como Internet.
Finalmente, Hernández subrayó que el problema se enmarca en un contexto de globalización, indiferencia social y cosificación de las víctimas, por lo que, además de acciones gubernamentales firmes, es necesaria una reingeniería del tejido familiar, “el grupo social más importante”.