Un estudio basado en veinte años de observaciones reveló remolinos de polvo marcianos con vientos de hasta 160 km/h, más rápidos y numerosos de lo que se creía, alterando el clima del planeta.

Durante dos décadas, imágenes orbitales obtenidas por las naves Mars Express y ExoMars Trace Gas Orbiter han permitido a científicos identificar miles de remolinos de polvo en Marte, revelando la existencia de vientos que alcanzan velocidades de hasta 160 kilómetros por hora.
El hallazgo, publicado en la revista Science Advances, constituye el catálogo más completo hasta ahora sobre estos fenómenos atmosféricos, similares a los tornados terrestres, pero mucho más veloces y frecuentes. El estudio fue liderado por el Dr. Valentin Bickel, del Centro para el Espacio y la Habitabilidad de la Universidad de Berna, quien explicó que los datos fueron procesados mediante inteligencia artificial, entrenando una red neuronal para detectar los vórtices de polvo en miles de imágenes.
Los investigadores lograron identificar 1,039 remolinos de polvo, incluso sobre antiguos volcanes y planicies abiertas, y determinar la dirección del movimiento de 373 de ellos. Según el análisis, estos vientos son capaces de levantar grandes cantidades de polvo a la atmósfera, un factor clave para comprender el ciclo climático marciano.
“Encontramos una nueva pieza del rompecabezas que nos ayuda a entender mejor el ciclo del polvo marciano: dónde, cuándo y cuánto polvo se levanta”, explicó Bickel.
El polvo en Marte no solo afecta la visibilidad, sino que modifica el clima global: bloquea la radiación solar durante el día, enfría la superficie y mantiene temperaturas nocturnas más cálidas. A diferencia de la Tierra, donde la lluvia limpia el aire, en Marte el polvo permanece suspendido durante semanas o meses, extendiéndose por todo el planeta.
El estudio también muestra que los remolinos de polvo son estacionales, concentrándose en primavera y verano en ambos hemisferios, y que Amazonis Planitia, una vasta llanura cubierta de arena, ofrece las condiciones ideales para su formación debido a su extensión y alta exposición solar.
Ninguna de las sondas utilizadas en el estudio está equipada con instrumentos específicos para medir la velocidad del viento. Sin embargo, el equipo aprovechó pequeños desplazamientos de color en las imágenes orbitales —producto del tiempo que transcurre entre capturas— para calcular la velocidad y dirección de los remolinos.
Los resultados indican que los vientos más rápidos se desplazan en línea recta, mientras que los más lentos giran o cambian de dirección, arrastrando entre 2,000 y 55,000 toneladas de polvo hacia la atmósfera marciana entre 2004 y 2024.
Estos hallazgos aportan información crucial para el diseño de futuras misiones espaciales. Las tolvaneras marcianas afectan la energía solar de los rovers y pueden cubrir o limpiar paneles solares, como ocurrió con el rover Spirit en 2009. También ayudan a los ingenieros a elegir sitios seguros de aterrizaje y estimar la acumulación de polvo en equipos.
Científicos como Lori Fenton (Instituto SETI) y J. Michael Battalio (Universidad de Yale) coinciden en que los datos mejorarán los modelos meteorológicos y climáticos de Marte, fundamentales para garantizar la seguridad y durabilidad de futuras misiones tripuladas.
“Estudiar el clima de Marte nos ayuda a entender la Tierra. Las condiciones únicas del planeta rojo son un laboratorio natural para comprender nuestra propia atmósfera”, destacó Battalio.
La base de datos creada por el equipo de Bickel ya se utiliza para definir el sitio de aterrizaje del rover Rosalind Franklin, de la Agencia Espacial Europea (ESA), cuyo arribo a Marte está previsto para 2030.
