Las ambiciones de paz de Donald Trump enfrentan nuevos reveses en Ucrania y Medio Oriente, con tensiones crecientes, ataques recientes y escasa voluntad rusa para negociar un fin al conflicto.

Las aspiraciones de paz del presidente estadounidense Donald Trump en Ucrania y Medio Oriente enfrentan serios tropiezos, marcando un freno a su intento de consolidarse como mediador global.
Tras declarar que no desea “perder el tiempo”, Trump canceló una segunda cumbre con Vladimir Putin, alejando las posibilidades de un nuevo diálogo con Rusia. El anuncio llegó después de que una llamada entre el secretario de Estado Marco Rubio y el ministro ruso Serguéi Lavrov no arrojara avances.
En paralelo, el vicepresidente J.D. Vance viajó a Medio Oriente con la misión de sostener el alto al fuego entre Israel y Hamas, un acuerdo que el propio Trump había calificado como “paz duradera”, pero que ahora se tambalea tras nuevos enfrentamientos.
Los críticos del mandatario sostienen que sus promesas han sido más retóricas que efectivas, y que los recientes retrocesos demuestran la fragilidad de su política exterior. Sin embargo, analistas coinciden en que el fracaso de Trump no solo sería político, sino que podría afectar la estabilidad global y miles de vidas civiles.
Ucrania: ruptura con Moscú y tensión con Zelensky

Luego de los ataques con drones rusos contra plantas de energía ucranianas, Trump recibió una confirmación de que Putin no busca una paz real. A pesar de que el presidente estadounidense había especulado con enviar misiles Tomahawk a Ucrania, terminó desistiendo tras comunicarse con el líder ruso.
El presidente ucraniano Volodymyr Zelensky advirtió que sin presión directa de Washington, Moscú no mostrará interés en negociar:
“Cuando las capacidades de largo alcance se vuelven más lejanas para nosotros, Rusia pierde casi automáticamente el interés en la diplomacia”, señaló.
El Kremlin, por su parte, insiste en que Ucrania debe ceder territorio en Luhansk y Donetsk, una condición inaceptable para Kyiv.
Trump, visiblemente frustrado, regresó a su posición previa de exigir simplemente un cese al fuego sobre las líneas actuales del frente.
“No quiero una reunión en vano. No quiero perder el tiempo”, afirmó desde el Despacho Oval.
Medio Oriente: la frágil paz entre Israel y Hamas
Mientras tanto, en Gaza, el alto al fuego corre peligro tras el asesinato de dos soldados israelíes atribuido a Hamas, que provocó una nueva ola de ataques aéreos israelíes con decenas de víctimas.
Vance intentó reafirmar el compromiso estadounidense con Israel y los países árabes clave, como Qatar y Turquía, para mantener vivo el plan de paz de Trump, que incluye un retiro político de Hamas y la creación de una Fuerza Internacional de Estabilización.
“Lo que hemos visto me da optimismo. ¿Puedo decir que funcionará? No. Pero tenemos una oportunidad”, declaró Vance durante su visita.
No obstante, el exnegociador estadounidense Dennis Ross advirtió que el plan sigue en fase teórica, y que su implementación debe acelerarse antes de que el conflicto vuelva a escalar.
Trump, por su parte, celebró el respaldo de sus “grandes aliados en Medio Oriente” a través de un mensaje en Truth Social, afirmando que estarían dispuestos a intervenir en Gaza “si Hamas viola el acuerdo”. Pero hasta ahora, ningún país ha anunciado despliegues militares, dejando el proyecto en el terreno de la esperanza.
En ambos frentes, los resultados de Trump enfrentan la misma paradoja: promesas ambiciosas y realidades complejas, que ponen en riesgo tanto su legado diplomático como la frágil paz que intenta sostener.