La resistencia popular obliga a Trump a modificar su estrategia en Minesota

La presión social tras un segundo asesinato a manos de agentes federales obligó a Donald Trump a modificar tácticas migratorias en Mineápolis y a replantear su estrategia política.

Protestas, resistencia pacífica y críticas políticas forzaron a la Casa Blanca a cambiar su estrategia en Minesota.

La creciente resistencia popular en Mineápolis y en distintas regiones de Estados Unidos obligó a la Casa Blanca a modificar parcialmente su estrategia tras el segundo asesinato de un civil crítico del gobierno a manos de agentes federales. Lejos de contener el repudio social, los hechos detonaron una ola de protestas, capacitaciones en resistencia civil pacífica y un debate político adverso para la administración de Donald Trump.

Videos difundidos ampliamente mostraron cómo agentes federales rociaron con gas pimienta y sometieron a Alex Pretti, un enfermero de cuidados intensivos, antes de que un agente de la Patrulla Fronteriza le disparara a quemarropa mientras estaba en el suelo. Las imágenes, casi en su totalidad videograbadas, generaron indignación inmediata en Mineápolis y un cuestionamiento directo al discurso oficial en Washington.

Inicialmente, la Casa Blanca, el Departamento de Seguridad Interna y la Patrulla Fronteriza repitieron la narrativa empleada semanas antes tras el asesinato de Renee Good, ocurrido también en Minesota, al presentar a la víctima como una amenaza al orden público e incluso como “terrorista”. Sin embargo, en ambos casos, las grabaciones evidenciaron que no existía peligro real para los agentes. Pese a ello, la versión oficial sostuvo que hubo “resistencia violenta” y que los disparos fueron en defensa propia.

El presidente Trump y otros funcionarios difundieron imágenes de un arma que portaba Pretti, sin aclarar que contaba con permiso legal y que nunca intentó utilizarla. En respuesta, críticos recordaron una célebre frase de George Orwell en 1984 sobre la negación de la evidencia visible.

Ante la pérdida de control de la narrativa nacional, Trump dio marcha atrás y anunció el envío de Tom Homan, denominado “zar fronterizo”, a Mineápolis. Homan reportará directamente al presidente y fungirá como mediador con el gobernador de Minesota, Tim Walz, y el alcalde de Mineápolis, Jacob Frey. El propio mandatario afirmó haber sostenido conversaciones “muy buenas” con ambos líderes demócratas, un cambio notable de tono.

De acuerdo con reportes de CNN y AP, el jefe de la Patrulla Fronteriza, Greg Bovino, y parte de los agentes federales se retirarán de Mineápolis, mientras que en el Congreso legisladores republicanos comenzaron a exigir explicaciones sobre las tácticas empleadas por el ICE y otras agencias federales.

La controversia también generó inquietud dentro de las propias agencias migratorias. Un reporte de The New York Times reveló frustración y desilusión entre oficiales actuales y retirados por la forma en que el gobierno de Trump ejecuta la política migratoria.

En el plano político local, Chris Madel, candidato republicano a gobernador de Minesota y abogado defensor del agente que mató a Good, anunció su retiro de la contienda, denunciando tácticas que calificó como represalias contra la ciudadanía y, en algunos casos, inconstitucionales, especialmente por detener personas “por el color de su piel”.

Walz y Frey reiteraron su exigencia de retirar a los cerca de 3 mil agentes federales desplegados en la mayor operación antimigrante hasta ahora. Su postura fue respaldada por alcaldes, gobernadores y legisladores demócratas, quienes incluso amenazan con frenar el presupuesto del Departamento de Seguridad Nacional y exigir la destitución de la secretaria Kristi Noem.

Mientras tanto, la resistencia social continúa creciendo. Organizaciones civiles y sindicales impulsaron talleres nacionales de capacitación en acciones no violentas, documentación de operativos y apoyo comunitario. En estados como Maine, nuevas protestas surgieron contra la presencia del ICE, con consignas que exigían su salida de las comunidades.

El movimiento mantiene como eje central la no violencia y la acción colectiva. Para muchos activistas, la última acción de Alex Pretti —defender a una mujer agredida por un agente del ICE y preguntar “¿estás bien?”— se ha convertido en símbolo de una resistencia que, lejos de apagarse, sigue expandiéndose por todo el país.

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