El presidente cubano anuncia un plan de “desabastecimiento agudo de combustible” ante sanciones de EU que bloquean suministros, advirtiendo tiempos difíciles y una grave crisis energética.

El gobierno de Cuba anunció medidas para enfrentar una crisis energética profunda, derivada de la creciente presión de Estados Unidos, que busca bloquear el suministro de petróleo a la isla y aplica sanciones a países que continúen enviando combustible a La Habana. En una inusual comparecencia televisada, el presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, reconoció que el país se prepara para un “desabastecimiento agudo de combustible” que pondrá a prueba la capacidad de respuesta del Estado y de la población.
Díaz-Canel advirtió que “vamos a vivir tiempos difíciles” y calificó las acciones de Washington —que han incluido la amenaza de imponer aranceles a quienes suministren petróleo a Cuba— como una forma de “persecución energética y financiera”. El mandatario insistió en que el gobierno y sus aliados deberán realizar un trabajo “muy fuerte, muy creativo, muy inteligente” para sortear las sanciones y mantener el abastecimiento de combustible. Por el momento, no se han detallado todas las medidas incluidas en el plan, aunque se espera que estas se anuncien en los próximos días.
El anuncio se produce en un contexto de grave escasez de combustible en la isla. Según reportes oficiales, Cuba no ha recibido envíos de combustible desde el exterior desde finales de diciembre, debido a la presión y amenazas de Washington. Díaz-Canel calificó la política estadounidense como “agresiva” y “criminal” hacia una nación pequeña, resaltando que la falta de combustible impactará a sectores clave como el transporte, la agricultura, la producción de alimentos, los servicios públicos y la industria.
Cuba depende en gran medida de importaciones de petróleo para cubrir sus necesidades energéticas, y los envíos de países aliados han disminuido ante el riesgo de sanciones. Analistas advierten que, de no recibir nuevos cargamentos de petróleo o combustible en las próximas semanas, el país podría enfrentar una crisis aún más profunda que impacte todos los niveles de la vida cotidiana. Algunos expertos estiman que, sin nuevas entregas, la crisis podría volverse grave en un plazo de seis a ocho semanas.
La situación se agrava por el cierre del flujo de petróleo desde Venezuela desde el 3 de enero, tras la captura del presidente venezolano Nicolás Maduro y las medidas de Washington para bloquear las rutas energéticas. Además, Estados Unidos ha presionado para que países como México reduzcan sus envíos de combustible, lo que ha limitado aún más las fuentes alternativas de abastecimiento.
La crisis energética ya se refleja en el aumento de apagones y cortes de energía, incluso en la capital, La Habana, donde las fallas eléctricas se han intensificado debido a la priorización del uso del escaso combustible disponible para la producción agrícola e industrial. El debilitamiento del suministro eléctrico ha tenido consecuencias directas en la vida diaria de millones de cubanos.
La respuesta oficial del gobierno cubano incluye la preparación de un paquete de medidas internas para administrar el desabastecimiento pendiente. Estas directivas toman como referencia experiencias anteriores, como las vividas durante el “Período Especial” de la década de 1990, y serán adaptadas a las condiciones actuales. Aunque aún no se presentan las acciones específicas, se anticipa que implicarán ajustes en la generación eléctrica, el transporte y otros servicios esenciales.
En paralelo, el presidente Díaz-Canel ha rechazado la denominada “teoría del colapso” de la isla, proponiendo, en cambio, una mayor cooperación internacional y la articulación de esfuerzos antifascistas contra las políticas de Estados Unidos, aunque sin detallar cómo se materializarán esas alianzas ni qué apoyo podrían ofrecer frente al desabastecimiento energético.
La crisis de combustible en Cuba se ha convertido en un tema de relevancia internacional, con advertencias de posibles impactos humanitarios si la situación continúa deteriorándose. Organismos internacionales han expresado su preocupación por el potencial colapso de servicios básicos, así como por el efecto acumulado de los cortes de energía y la escasez de insumos esenciales en la isla.