Un video viral en Culiacán visibilizó el movimiento therian en México y abrió el debate sobre identidad no humana, mientras la psicología analiza el fenómeno como una forma de expresión y pertenencia.

Un video grabado en el Parque Las Riberas, en la ciudad de Culiacán, colocó al movimiento therian en el centro del debate público en México y abrió una discusión que va más allá de las redes sociales, al involucrar también perspectivas psicológicas sobre identidad y bienestar emocional. El audiovisual, difundido inicialmente en TikTok y retomado por medios locales, muestra a dos jóvenes utilizando máscaras de canes mientras caminan en cuatro patas, escena que rápidamente se volvió viral y generó reacciones divididas entre usuarios de internet.
Tras la difusión del material, el interés por el llamado movimiento therian creció en redes sociales y foros digitales. Distintos análisis de imagen señalaron que el video no presenta indicios de manipulación o edición mediante inteligencia artificial, además de que circularon grabaciones adicionales captadas desde distintos ángulos, lo que reforzó la percepción de autenticidad del evento. La viralización del caso coincidió con un aumento reciente del interés internacional por esta comunidad, impulsado por otros episodios en América Latina que también provocaron debate público.
En Culiacán, el fenómeno generó expectativas luego de la difusión en redes sociales de una convocatoria para establecer un punto de encuentro en el mismo parque, programado para el 21 de febrero. Junto con otra reunión mencionada en Ciudad Universitaria, en la Ciudad de México, estos eventos podrían representar algunos de los primeros encuentros presenciales organizados en el país vinculados con esta comunidad.
El término therian proviene de la palabra inglesa therianthropy o “teriantropía”, concepto que tiene raíces en la mitología griega y que describe a seres híbridos entre humanos y animales. Dentro del contexto contemporáneo, un therian se define como una persona que se identifica con un animal a nivel espiritual o interno, aunque mantiene plena conciencia de su condición biológica humana. Esta diferencia es fundamental para comprender cómo se aborda el fenómeno desde la psicología y evitar interpretaciones erróneas.
Los orígenes modernos del movimiento se remontan a principios de la década de 1990, cuando internet comenzó a funcionar como espacio de encuentro para comunidades de nicho. Plataformas como Usenet facilitaron la formación de grupos en los que usuarios discutían la idea de percibir rasgos animales como parte de su identidad personal. Estos espacios digitales, inicialmente vinculados a subculturas relacionadas con el cine de horror y figuras como el hombre lobo, evolucionaron hacia comunidades más amplias que integraron conceptos culturales, espirituales y de autoidentificación.
Ante el creciente interés público, especialistas en salud mental han analizado el fenómeno desde diversos enfoques. La psicología señala que el therianismo no aparece como diagnóstico dentro de manuales clínicos oficiales como el DSM-5, por lo que no se considera en sí mismo un trastorno psicológico. Investigaciones académicas, entre ellas las realizadas por el International Anthropomorphic Research Project, indican que la mayoría de las personas que se identifican como therians conservan intacto el juicio de realidad y no presentan mayores tasas de psicosis o delirios en comparación con la población general.
Desde esta perspectiva, los expertos consideran que para muchos integrantes la identidad therian funciona como una forma de autoexpresión y sentido de pertenencia. Algunas personas describen una sensación de conexión profunda con determinados animales, lo que puede traducirse en prácticas como el uso de accesorios o el llamado quadrobics, actividad que consiste en correr en cuatro patas y que para algunos actúa como mecanismo de regulación emocional.
Dentro del debate psicológico también aparece el concepto no clínico de “disforia de especie”, término utilizado por parte de la comunidad para describir una sensación de desconexión entre el cuerpo humano y la identidad interna que perciben como animal. Aunque no se reconoce como diagnóstico médico, algunos especialistas observan que estas prácticas pueden servir para aliviar malestar emocional o fortalecer la identidad personal.
Otro punto que ha despertado interés en la investigación es la posible relación entre el therianismo y la neurodivergencia. Algunos estudios preliminares han identificado que un porcentaje significativo de la comunidad se reconoce dentro del espectro autista o con trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH). Psicólogos plantean que ciertas personas neurodivergentes podrían encontrar en la identidad animal un marco más comprensible o menos condicionado por normas sociales complejas.
A nivel clínico, los especialistas enfatizan la importancia de diferenciar el therianismo de la licantropía clínica, un trastorno psicótico poco frecuente en el cual la persona cree literalmente estar transformándose en un animal. En contraste, quienes se identifican como therians reconocen claramente que son humanos y no presentan pérdida del sentido de realidad, lo que constituye una diferencia esencial para la evaluación profesional.
La aparición pública de este movimiento en México refleja cómo las comunidades digitales pueden trasladarse al espacio físico y abrir nuevas conversaciones sobre identidad, pertenencia y diversidad cultural. Mientras en redes sociales continúan las opiniones encontradas —desde quienes lo consideran una expresión legítima hasta quienes lo observan con escepticismo—, la psicología moderna tiende a analizar el fenómeno como una subcultura o identidad de nicho, más que como un problema clínico.
El avistamiento en Culiacán, más allá de la viralidad del video, marca un punto de inflexión en la discusión local sobre nuevas formas de identidad social surgidas en internet. El debate ahora gira en torno a comprender el fenómeno desde un enfoque informado, evitando estigmatizaciones y diferenciando entre expresión cultural, experiencia personal y posibles implicaciones psicológicas.