Liubov Tsybulska, estratega ucraniana, advierte que Rusia explota narrativas antioccidentales en América Latina para quebrar democracias. Señala además que el uso de inteligencia artificial ha potenciado esta guerra cognitiva.

Liubov Tsybulska, fundadora de Join Ukraine y referente en defensa comunicacional, describe la agresión del Kremlin como un fenómeno que trasciende el campo de batalla físico. Para la experta, Ucrania ha funcionado desde 2014 como un laboratorio donde Rusia perfecciona tácticas de desinformación que hoy se exportan a regiones como América Latina.
La analista sostiene que la estrategia rusa ha mutado hacia una guerra cognitiva profunda. Ya no se trata solo de difundir noticias falsas, sino de explotar las grietas sociales preexistentes para erosionar la confianza en las instituciones democráticas. Tsybulska enfatiza que este proceso requiere una «higiene informativa» constante, comparándolo con la necesidad diaria de mantener la salud personal para evitar el agotamiento social.
En el contexto latinoamericano, Tsybulska advierte que el Kremlin utiliza con maestría las corrientes antimperialistas y antioccidentales. Moscú disfraza estas operaciones como diplomacia cultural, pero en realidad son armas de precisión diseñadas para romper consensos. La experta señala que Rusia adapta sus mensajes según la audiencia, presentándose como protector del Islam en Asia o como aliado anticolonialista en África.
Un factor alarmante en esta evolución tecnológica es el uso de la inteligencia artificial y plataformas como TikTok para generar polarización masiva. Tsybulska destaca la peligrosidad de los deepfakes económicos y el reclutamiento de jóvenes a través de aplicaciones como Telegram. En Ucrania, se han detectado casos donde adolescentes son manipulados para cometer actos de sabotaje violento sin saber que sirven a intereses rusos.
A pesar del despliegue global de estas tácticas, la analista detecta grietas internas dentro de la propia maquinaria de poder de Vladimir Putin. El contrato social basado en la pasividad política a cambio de bonanza económica parece estarse quebrando por la falta de recursos financieros. Según Tsybulska, el déficit presupuestario en las regiones rusas y el recorte de beneficios militares están generando críticas inéditas incluso en círculos anteriormente leales.
Finalmente, la estratega hace un llamado a los gobiernos de América Latina para que dejen de analizar y comiencen a actuar. Sugiere tres alertas principales: desconfiar incluso si hay buenas relaciones con Moscú, no dejarse engañar por eventos culturales que sirven de propaganda y entender que la desinformación es un proceso evolutivo que requiere respuestas dinámicas y una presencia informativa activa en la región.