Las autoridades federales reportaron la recolección de más de 825 toneladas de residuos tras el derrame de petróleo que afecta las costas de Tabasco y Veracruz, mientras la ASEA interpone una denuncia penal ante la FGR para investigar posibles delitos ambientales.

El Gobierno de México ha intensificado las labores de saneamiento en el Golfo de México tras el grave derrame de hidrocarburos que inició a principios de marzo y que ha impactado severamente los ecosistemas de Tabasco y Veracruz. Hasta el corte del 30 de marzo, las brigadas de limpieza, compuestas por autoridades federales, residentes locales y pescadores, han logrado retirar un total de 825.6 toneladas de desechos contaminantes. De esta cifra, 785 toneladas corresponden a hidrocarburos y chapopote localizados directamente en la franja de arena de las playas, mientras que 40.6 toneladas han sido recolectadas mediante operativos en mar abierto para evitar una mayor dispersión del contaminante.
El impacto ecológico de este evento ha sido devastador para la fauna local, registrándose el hallazgo de múltiples especies marinas muertas tanto en la costa como flotando en el océano. Los exámenes preliminares realizados a estos ejemplares han revelado la presencia de residuos de hidrocarburos en sus cuerpos y sistemas digestivos, lo que confirma la toxicidad del vertido. Hasta el momento, las acciones de respuesta han cubierto una extensión de 630 kilómetros de litoral, logrando la atención de 39 playas, un manglar y un estero que presentaban altos niveles de contaminación por crudo.
En el ámbito legal y técnico, la Agencia de Seguridad, Energía y Ambiente ha tomado cartas en el asunto iniciando una investigación exhaustiva para identificar el origen exacto del derrame. Como parte de estas acciones, la dependencia ya presentó una denuncia penal ante la Fiscalía General de la República por la posible comisión de delitos contra el medio ambiente. Por su parte, la paraestatal Petróleos Mexicanos ha emitido comunicados señalando que ha detectado emanaciones naturales de hidrocarburos, conocidas como chapopoteras, frente a las costas de Coatzacoalcos, aunque mantiene inspecciones constantes en sus instalaciones de la región para descartar fugas operativas.
La magnitud de la contingencia ha requerido una logística compleja para el manejo de los residuos peligrosos recolectados, buscando minimizar el daño en zonas críticas como los manglares, que son vitales para la reproducción de especies comerciales. Mientras las labores de limpieza continúan en los puntos críticos de Veracruz y Tabasco, la comunidad científica y los sectores productivos pesqueros permanecen a la espera de los dictámenes de la FGR para deslindar responsabilidades sobre uno de los incidentes de contaminación por hidrocarburos más significativos en lo que va del año 2026.