Sporothrix brasiliensis: el hongo que puede transmitirse de gatos a humanos

El Sporothrix brasiliensis es un hongo transmitido por gatos que causa esporotricosis en humanos y animales, con síntomas cutáneos y posibles complicaciones, lo que ha encendido alertas sanitarias.

La reciente detección del hongo Sporothrix brasiliensis en nuevos territorios de Sudamérica ha encendido alertas entre especialistas en salud pública y veterinarios, debido a su capacidad de propagación y al impacto que puede tener tanto en humanos como en animales.

Este patógeno es responsable de una forma agresiva de esporotricosis, una enfermedad que afecta principalmente la piel, pero que en casos avanzados puede comprometer órganos internos. Aunque el hongo habita de forma natural en el suelo, en los últimos años ha encontrado en los gatos su principal vía de transmisión hacia las personas.

El contagio puede ocurrir a través de mordeduras, arañazos o contacto con lesiones abiertas de animales infectados, lo que representa un riesgo importante, especialmente para grupos vulnerables como niños y adultos mayores. En los felinos, la enfermedad suele manifestarse con heridas visibles en cara, patas o nariz, que pueden evolucionar a lesiones más graves si no se tratan.

Una de las características que vuelve a este hongo particularmente complejo es su dimorfismo térmico, una propiedad biológica que le permite cambiar de forma según la temperatura. En el ambiente se presenta como hongo filamentoso, mientras que dentro del cuerpo adopta una forma de levadura, facilitando su diseminación.

En humanos, la infección suele iniciar con pequeñas protuberancias en la piel que pueden transformarse en úlceras y extenderse a lo largo de los vasos linfáticos. En situaciones más graves, puede afectar pulmones, huesos o incluso el sistema nervioso, lo que incrementa su nivel de riesgo clínico.

El diagnóstico requiere estudios de laboratorio especializados, como cultivos y análisis microscópicos. En cuanto al tratamiento, el antifúngico Itraconazol es considerado la primera línea tanto en humanos como en animales, aunque en algunos casos se recurre a alternativas como terbinafina o anfotericina B.

Identificado por primera vez en Brasil en la década de 1990, este hongo se ha extendido a otros países de la región, consolidándose como un problema emergente en términos epidemiológicos. Su expansión ha sido asociada, en parte, a la interacción con gatos infectados y a la falta de control en poblaciones callejeras.

Especialistas coinciden en que la prevención es fundamental. El uso de guantes al manipular animales, evitar el contacto con lesiones sospechosas y mantener medidas de higiene adecuadas puede reducir el riesgo de contagio. Asimismo, subrayan la importancia de fortalecer la vigilancia sanitaria y el control de animales en situación de calle para limitar su propagación.

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