China avanza en Inteligencia Artificial mientras atraviesa una de sus peores crisis económicas

China avanza rápidamente en inteligencia artificial, pero enfrenta desempleo juvenil, menor consumo, caída inmobiliaria y deflación mientras economistas cuestionan sus prioridades de inversión.

China avanza en inteligencia artificial mientras enfrenta desempleo juvenil, caída del consumo, crisis inmobiliaria y deflación, generando dudas sobre su estrategia económica.

China ha acelerado el desarrollo de la inteligencia artificial hasta reducir, según algunas evaluaciones publicadas en Estados Unidos, la distancia que mantenía frente a ese país en una de las tecnologías consideradas estratégicas para las próximas décadas.

El avance tecnológico coincide, sin embargo, con un escenario económico complejo. Mientras el gobierno de Xi Jinping destina importantes recursos a sectores vinculados con la IA y otras industrias de alta tecnología, distintos economistas chinos han advertido que la economía enfrenta problemas relacionados con el consumo, el empleo, la inversión y la deflación.

La situación adquiere especial relevancia ante la visita de Estado de Xi Jinping a Estados Unidos, donde la competencia tecnológica entre ambas potencias ocupa un lugar importante en la agenda internacional.

Las dificultades de la economía china se reflejan en distintos indicadores. En agosto, la tasa de desempleo juvenil, excluyendo a estudiantes, alcanzó 18.9 por ciento. Al mismo tiempo, el consumo interno continúa débil y algunos de los sectores que durante años fueron importantes motores de crecimiento muestran retrocesos.

Durante el primer semestre del año, las ventas nacionales de automóviles disminuyeron 20 por ciento respecto al mismo periodo del año anterior, mientras que las ventas de viviendas cayeron otro 14 por ciento, prolongando una tendencia negativa que se ha extendido durante varios años.

Este escenario ha llevado a economistas vinculados con instituciones chinas a expresar públicamente su preocupación. Li Daokui, exasesor del banco central y profesor de la Universidad de Tsinghua, afirmó en julio que la economía se encontraba «demasiado estancada» y sostuvo que los sectores de alta tecnología no estaban logrando impulsar por sí solos la base económica del país.

Otro exasesor del banco central, Liu Shijin, planteó en junio incrementar las pensiones básicas destinadas a habitantes rurales, de alrededor de 30 a 150 dólares mensuales, como una medida para estimular el consumo de los hogares.

Durante el mismo foro, Huang Haizhou, también asesor del banco central, señaló que China necesita fomentar una inflación moderada y mejorar la rentabilidad de las empresas antes de conseguir un crecimiento tecnológico sostenible. Según su planteamiento, una economía atrapada en la deflación enfrenta dificultades para sostener la innovación.

Las declaraciones adquirieron relevancia debido a que se produjeron antes de la reunión ordinaria de mitad de año del Politburó, el principal órgano de dirección del Partido Comunista chino en materia política y económica.

De acuerdo con el análisis citado, algunos economistas habían enfrentado restricciones por expresar perspectivas demasiado pesimistas. Por ello, la franqueza de figuras vinculadas con el establishment económico fue interpretada como una señal de preocupación por la situación.

Uno de los puntos de discusión es precisamente la cantidad de recursos que China está destinando a la inteligencia artificial.

Determinar el monto total resulta complicado debido a la participación de diferentes fondos, gobiernos locales y empresas estatales. El Índice de IA de Stanford estimó que fondos de inversión estatales destinaron aproximadamente 184 mil millones de dólares a compañías relacionadas con inteligencia artificial entre 2000 y 2023.

Además, durante el año pasado Xi Jinping instruyó al gobierno para utilizar diferentes herramientas, entre ellas incentivos fiscales, contratos públicos, financiamiento e infraestructura, con el objetivo de acelerar el desarrollo de la IA.

Bloomberg también reportó que China se preparaba para invertir alrededor de 295 mil millones de dólares durante los siguientes cinco años en centros de datos que serían operados por empresas estatales.

La estrategia tecnológica se mantuvo incluso después de que el Politburó reconociera la necesidad de adoptar medidas para fortalecer la economía. Al término de su reunión del 30 de julio, el organismo habló de impulsar la actividad económica, pero mantuvo un enfoque gradual de estímulo y, al mismo tiempo, planteó el desarrollo de una nueva economía basada en tecnologías inteligentes.

Los datos de inversión muestran la magnitud del problema. La inversión en activos fijos, que incluye infraestructura, bienes raíces y equipos, disminuyó 4.1 por ciento durante los primeros cinco meses del año.

Li Daokui señaló que una contracción de esa magnitud únicamente se había registrado en otras dos ocasiones durante la historia de la República Popular China: en 1961, durante el periodo de la Gran Hambruna, y en 1967, en el contexto de la Revolución Cultural.

El propio Xi ha planteado una visión diferente sobre la manera de medir el progreso económico. En un discurso pronunciado en marzo sostuvo que el crecimiento del producto interno bruto no debe ser el único indicador para evaluar los avances del país.

El mandatario ha destacado en particular el fortalecimiento del «poder duro» de China y el desarrollo de industrias avanzadas. Bajo esta perspectiva, un crecimiento económico más lento podría ser compatible con avances tecnológicos que incrementen la capacidad industrial y estratégica del país a largo plazo.

La estrategia implica priorizar inversiones en tecnología y modernización industrial en lugar de concentrar los recursos en transferencias directas a los hogares, vales de consumo o una ampliación considerable de la red de protección social, medidas que han sido planteadas por diversos economistas.

El argumento detrás de la apuesta tecnológica es que la inteligencia artificial y otras tecnologías avanzadas podrían modernizar sectores tradicionales, aumentar la productividad y generar nuevas fuentes de crecimiento. El principal cuestionamiento es que esos beneficios podrían tardar años en materializarse, mientras que los problemas económicos actuales requieren respuestas inmediatas.

China, además, tiene incentivos para mantenerse en la carrera tecnológica con Estados Unidos. Durante el primer semestre de 2026, la inversión en servicios de información, un sector que la Oficina Nacional de Estadística vincula con actividades impulsadas por la IA, aumentó 19.2 por ciento.

La tecnología podría transformar sectores completos de la economía china y fortalecer su posición frente a otras potencias. Sin embargo, la magnitud de los recursos destinados a esta transformación genera preguntas sobre su costo en términos de empleo y consumo.

Xu Chenggang, economista chino de la Universidad de Stanford, ha planteado precisamente ese dilema. Según su análisis, Pekín dispone de una capacidad considerable para dirigir recursos debido a su control sobre el sistema bancario, pero cada recurso destinado a determinados proyectos tecnológicos deja de estar disponible para otras áreas.

En una economía con dificultades, explicó, los gobiernos suelen recurrir a medidas destinadas a estimular el empleo y el consumo. Si las personas cuentan con ingresos, pueden gastar más; ese consumo incrementa la actividad empresarial y puede generar nuevos empleos.

La preocupación es que una parte importante de la inversión china esté concentrándose en una tecnología que, aunque puede incrementar la productividad, también podría reducir la necesidad de determinados trabajadores en algunos sectores.

En redes sociales chinas, algunos usuarios han utilizado la expresión «Gran Salto Adelante de la IA» para describir el volumen de inversión tecnológica. La referencia alude a la campaña de industrialización impulsada por Mao Zedong que tuvo consecuencias económicas y sociales devastadoras.

Más allá de las comparaciones históricas, el desafío para las empresas de inteligencia artificial es conseguir que sus productos sean comercialmente sostenibles. Xu Chenggang ha señalado que el apoyo gubernamental no es suficiente: las compañías necesitan empresas y consumidores capaces y dispuestos a pagar por sus servicios.

Una economía con hogares que gastan menos y empresas con menor rentabilidad puede limitar precisamente el mercado necesario para que las nuevas tecnologías se conviertan en negocios sostenibles.

El debate también ha llevado a algunos analistas a establecer paralelismos con la experiencia de la Unión Soviética. La socióloga Sun Liping ha recordado que, durante su periodo de mayor poder, la economía soviética llegó a representar una parte importante de la estadounidense y consiguió superar a Estados Unidos en determinados campos científicos y tecnológicos.

Sin embargo, el sistema económico soviético terminó enfrentando un prolongado proceso de estancamiento.

Sun ha advertido que China puede producir bienes cada vez más sofisticados, pero el crecimiento de la producción no garantiza que existan suficientes compradores dentro del país. Si los consumidores no tienen capacidad para adquirir esos productos, las empresas pueden enfrentar dificultades para obtener beneficios, los ingresos familiares permanecen débiles y el empleo tarda en recuperarse.

El contraste entre ambos fenómenos resume uno de los principales dilemas económicos de China: el país busca mantenerse en la frontera tecnológica mediante una fuerte inversión en inteligencia artificial, mientras intenta resolver problemas inmediatos relacionados con el consumo, el empleo, el sector inmobiliario y la deflación.

El resultado de esa estrategia dependerá, entre otros factores, de la rapidez con la que las inversiones tecnológicas puedan convertirse en productividad, empresas rentables y empleos, así como de la capacidad de la economía china para recuperar la demanda interna.

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