La obra Los perros que sólo reconocían las enaguas pone en escena la dura soledad de mujeres mayores cuidadoras, reclamando atención y memoria más allá de la supervivencia física.

Ni la lluvia persistente logró disuadir al público que la noche del jueves llenó el teatro Orientación Luisa Josefina Hernández, en el Centro Cultural del Bosque, donde se presentó la primera función de Los perros que sólo reconocían las enaguas, obra escrita y dirigida por Mayra Simón. La función inaugural contó con la presencia de invitados especiales, representantes de la prensa y un público conmovido por el relato profundo de cuatro mujeres mayores que han vivido el sacrificio y el cuidado como destino.
El montaje se centra en Luisa, Teresa, Maura y Tomasa, mujeres de la tercera edad que habitan el ficticio poblado de Manzanitas Cieneguilla, en Hidalgo. Aunque mantienen su independencia, todas comparten una vida marcada por la soledad, la migración forzada, el cuidado hacia otros y un amor casi siempre condicionado. La obra entrelaza sus historias en un ciclo donde lo doméstico se vuelve trinchera, y la resignación se transforma en acto político.
La escenografía incluye dos grandes aros que simbolizan no solo el bordado que tantas veces han repetido, sino también los límites del encierro físico y psicológico que han habitado por años. Mayra Simón explicó que estos elementos funcionan como umbrales entre el pasado y el presente, pero también como espacios de resistencia creativa, donde el arte intenta rescatar lo perdido.
El elenco, conformado por Edna Rodríguez, Sharim Padilla, Araceli Martínez y Fabiola Villalpando, logra construir un tejido emotivo que equilibra la ternura y la picardía con el dolor de lo no dicho. Entre frases que resonaron en la función destacaron: “Todos somos frágiles en manos equivocadas”, “¿De qué sirve el dinero si eres infeliz?” y “Sólo te tienes a ti misma.”
Simón compartió que la obra nació del duelo por su abuela, quien fue como su madre, y cuya historia, marcada por el rapto infantil y el silencio emocional, se convirtió en semilla de esta propuesta escénica. “Después de su muerte descubrí secretos que me hicieron sentir culpa por no haber propiciado un espacio para su duelo”, relató. Por ello, este trabajo es también un homenaje a sus tías y a todas las mujeres que, desde el margen, sostienen la vida familiar sin reconocimiento.
La directora aseguró que Los perros que sólo reconocían las enaguas es un grito para dejar de romantizar la soledad en la vejez. “La soledad de nuestras madres y abuelas no es una elección. Es consecuencia directa del cuidado no remunerado que ofrecieron durante toda su vida”, enfatizó. También aclaró que su intención no es sólo mantener a los adultos mayores con vida, sino propiciar una reflexión sobre la calidad de esa existencia.
Inspirada en memorias reales y acompañada por audios auténticos, la obra se construye como una docuficción. Cada decisión estética busca reflejar la cotidianidad de las mujeres de la comunidad de Manzanitas, con quienes Simón convivió para crear esta propuesta. El título proviene de una experiencia personal: cuando era niña, fue atacada por un perro, pero su tía Luisa la rescató. Años después, al regresar al pueblo, fue recibida por una jauría que se detuvo al reconocer su vestimenta. “Estos perros reconocen las enaguas”, le dijeron los vecinos. Ese acto de reconocimiento y protección define el espíritu de la obra.
La historia no se limita a una región o a un apellido. “Estas historias también son de Querétaro, de Chiapas, de Ciudad de México… están ancladas en una estructura machista que aún persiste”, expresó Simón. La obra muestra cómo las mujeres han transitado ciclos de sacrificio y cuidado, pero también de valentía y búsqueda de felicidad más allá de las expectativas sociales.
Al finalizar la función, el silencio con el que inició la noche dio paso a un largo y sentido aplauso. El teatro se llenó de reconocimiento para estas vidas que, aunque a menudo silenciadas, ahora tienen un lugar en la memoria colectiva.
Producida por la compañía Manzanitas Escena, Los perros que sólo reconocían las enaguas se presenta jueves y viernes a las 20:00 horas, sábados a las 19:00 y domingos a las 18:00, en el teatro Orientación Luisa Josefina Hernández. El costo del boleto es de 150 pesos, con descuentos habituales. La función está recomendada para mayores de 13 años.