El Palacio de Gobierno de Chihuahua presenta humedad, moho y daños estructurales, evidenciando abandono, mientras en su exterior se colocan adornos patrios por las festividades de septiembre.

El Palacio de Gobierno de Chihuahua, uno de los edificios más emblemáticos del estado y pieza clave de la historia nacional, muestra un grave deterioro pese a su importancia cultural. Ubicado en el cruce de la calle Libertad y la avenida Venustiano Carranza, su fachada y estructura dejan ver manchas de humedad, moho en las esquinas y cantera desmoronada.
Las filtraciones y fugas de agua dejan rastros verdosos sobre los muros, mientras la entrada al calabozo histórico de Miguel Hidalgo —símbolo de la Independencia— refleja también desgaste. Alrededor, al menos nueve columnas de cantera exhiben un daño alarmante.
El contraste es notorio al exterior, donde se colocan adornos patrios con motivo de septiembre frente a muros rayados y dañados por manifestaciones. Estos reflejan tanto inconformidad social como la ausencia de acciones efectivas de restauración.
El Palacio guarda una historia que se remonta a la época jesuita en el siglo XVIII, pasando por funciones de prisión, hospital militar, sede de juicios insurgentes e incluso lugar del fusilamiento de Hidalgo en 1811. Tras múltiples cambios de uso, en 1882 inició su construcción como sede del Poder Ejecutivo estatal, inaugurado en 1892 bajo el gobernador Lauro Carrillo.
En 1941 un incendio destruyó archivos históricos, lo que derivó en una restauración que amplió su estructura a tres pisos en 1947. Más tarde, en 1959 se incorporaron murales de Aarón Piña Mora que relatan episodios de la Conquista, la Independencia y la Revolución.
El inmueble también ha sido escenario de episodios trágicos y políticos: en 2001 fue lugar de un atentado contra el gobernador Patricio Martínez, en 2010 del asesinato de la activista Marisela Escobedo, y en 2016 de protestas con daños materiales.
A lo largo de los años, intervenciones sin autorización, protestas y falta de mantenimiento han dejado huellas visibles. Actualmente, el Palacio continúa como punto de encuentro social y político, pero en condiciones que reflejan abandono institucional y un riesgo creciente para su preservación.
Este ícono del Centro Histórico de Chihuahua, que alguna vez representó autoridad y decisión política, se erige hoy como recordatorio urgente de la necesidad de rescatarlo antes de que su deterioro sea irreparable.