El iceberg A23a, considerado el más grande del mundo, se fractura rápidamente y pierde tamaño por corrientes y temperaturas, cediendo el título al D15a, mientras científicos advierten efectos del cambio climático.

El iceberg A23a, hasta hace poco el más grande del mundo, atraviesa un proceso acelerado de fragmentación que preocupa a la comunidad científica. Con un peso original cercano a un billón de toneladas métricas y una superficie de 3,672 km², el coloso antártico ahora se ha reducido a 1,700 km², un área equivalente al Gran Londres.
Andrew Meijers, oceanógrafo del Servicio Británico de Investigación Antártica (BAS), explicó que el A23a está perdiendo bloques de gran tamaño que, a su vez, son reconocidos oficialmente como nuevos icebergs por el Centro Nacional de Hielo de EE.UU. El fenómeno ocurre mientras el iceberg sigue la corriente circumpolar antártica sur, que lo arrastra alrededor de Georgia del Sur.
El A23a permaneció encallado durante más de tres décadas en el mar de Weddell hasta que, en 2020, comenzó a desplazarse nuevamente. Desde entonces ha quedado atascado y liberado en varias ocasiones por efecto de corrientes y plataformas continentales. Hoy, se encamina al llamado “callejón de los icebergs”, donde otros gigantes como el A68 y el A76 también terminaron desintegrándose.
Su rápida pérdida de masa cede el título del iceberg más grande del mundo al D15a, que mide cerca de 3,000 km² y permanece estable cerca de la base australiana Davis. Aunque el desprendimiento de icebergs es un proceso natural, los científicos advierten que el calentamiento global está acelerando la pérdida de hielo antártico. En las últimas décadas, las plataformas de hielo han liberado billones de toneladas debido al aumento de la temperatura oceánica y cambios en las corrientes marinas.
La desintegración del A23a no solo tiene implicaciones simbólicas, sino también ambientales. Investigadores del BAS que visitaron el iceberg a bordo del buque RRS Sir David Attenborough señalaron que el encallamiento y la liberación masiva de agua dulce fría alteraron los ecosistemas marinos cercanos. Comprender este impacto es crucial, pues la recurrencia de megabergs podría intensificarse a medida que avanza el cambio climático.