El Lago de Arareko recuperó su esplendor tras las lluvias de septiembre, reflejando la vida y belleza de la Sierra Tarahumara y reactivando el turismo en Bocoyna.

Bocoyna, Chihuahua.– El Lago de Arareko, uno de los sitios más emblemáticos de la Sierra Tarahumara, volvió a lucir en todo su esplendor gracias a las lluvias registradas durante junio y septiembre, que transformaron por completo el paisaje de la región.
El viento mueve con fuerza las aguas del lago, que durante meses había permanecido seco y agrietado. Hoy, el cuerpo de agua muestra una notable recuperación y nuevamente atrae a turistas locales y extranjeros que buscan disfrutar de la naturaleza y del clima serrano.
Las precipitaciones recientes no solo beneficiaron a Arareko, sino también a los ríos San Pedro y Bocoyna, cuyos caudales vuelven a fluir tras años de sequía severa. Este resurgimiento ha devuelto vida a los ecosistemas de la Sierra y esperanza a las comunidades que dependen del turismo.
Construido en los años setenta por el ejido San Ignacio de Arareko, el lago se ubica a ocho kilómetros de Creel y se alimenta del agua de lluvia y de los escurrimientos de los cerros circundantes. Con una longitud aproximada de tres kilómetros y una superficie de 40 hectáreas, el embalse aún no alcanza su nivel máximo, pero refleja una recuperación sostenida.
En los alrededores, mujeres rarámuri venden artesanías a los visitantes que disfrutan de paseos en lancha, en remo o simplemente del paisaje. Las artesanas aseguran que, conforme el nivel del lago aumenta, también crecen las ventas y la llegada de turistas.
“El año pasado el agua estaba muy baja, casi no venía gente”, comentaron algunas de ellas.
Durante 2024, el nivel del lago descendió a niveles críticos, al punto de dividirse en fragmentos y hacer imposible realizar actividades acuáticas. La sequía prolongada y las altas temperaturas fueron los principales factores. Según datos del Monitor de Sequía de la Comisión Nacional del Agua (CONAGUA), hasta mayo de 2025, Bocoyna se encontraba en sequía excepcional (D4), el nivel más grave.
Con las lluvias de junio, el municipio pasó a sequía extrema (D3), y para septiembre ya se reportaba como “anormalmente seco”, una clara muestra de la recuperación hidrológica.
El resurgir del Lago de Arareko simboliza la resiliencia de la Sierra Tarahumara ante el cambio climático. Además de recuperar su belleza natural, su llenado reactiva el turismo y fortalece la economía indígena local.
A pocos kilómetros, la presa Situriachi, en San Juanito, también alcanzó su máxima capacidad, garantizando el abastecimiento de agua para los pobladores y consolidando un panorama optimista para la región serrana.
Hoy, el espejo de agua de Arareko refleja nuevamente el cielo azul de la Tarahumara y la esperanza de quienes viven de su entorno.