50 años de historia: el legado floral de la familia Calleja embellece el Día de Muertos en Chihuahua

Con más de 50 años de tradición, la familia Calleja mantiene vivo el cultivo de cempasúchil en Chihuahua, abriendo sus campos al público rumbo al Día de Muertos.

50 años de historia: el legado floral de la familia Calleja embellece el Día de Muertos en Chihuahua

A orillas de la Avenida Palestina, al oriente de la ciudad de Chihuahua, los campos de la familia Calleja vuelven a teñirse de naranja y morado, anunciando la llegada del Día de Muertos. Desde hace más de medio siglo, esta familia ha mantenido viva una tradición que comenzó con el abuelo de Carlos Eduardo Calleja, productor local que hoy abre las puertas de su terreno para que la gente pueda comprar flores y tomarse fotografías entre los surcos.

“Ya tenemos varios añitos desde que empezó mi abuelo, luego mi padre y ahora nosotros. Son más de 50 años trabajando la tierra”, comentó Calleja mientras visitantes recorrían los pasillos llenos de cempasúchil y cresta de gallo listos para la cosecha.

El productor explicó que la temporada más fuerte inicia a mediados de octubre, cuando familias y fotógrafos acuden no solo a adquirir flores, sino a disfrutar del paisaje y capturar el momento. “Vienen familias, fotógrafos, incluso novias a hacer sesiones; pedimos una aportación voluntaria”, compartió con orgullo.

Además del tradicional cempasúchil, el campo ofrece mota de obispo o cresta de gallo, crisantemos y girasoles, especies que llenan de color las ofrendas y tumbas. Cada flor tiene su propio simbolismo:

  • El cempasúchil, asociado al sol por los mexicas, se cree que guía a las almas con su aroma.
  • La flor de terciopelo simboliza el duelo y la añoranza, dando textura y profundidad a los altares.
  • El crisantemo, especialmente el morado, representa el luto y la memoria.

Calleja explicó que las ventas se hacen directamente en el campo, tanto por manojo como por surco, con precios que inician en 100 pesos por ramo y bajan conforme se acerca noviembre, “hasta 80 o 50 pesos, depende del cliente; lo importante es que se vayan contentos”.

El trabajo comienza desde marzo, cuando se preparan los terrenos y se plantan las primeras semillas. “El cempasúchil tarda unos cuatro meses en crecer, la mota unos cinco y otros hasta siete”, detalló. A pesar de los efectos de la sequía, lograron mantener la producción gracias a una noria cercana y a las lluvias registradas este año.

Para la familia Calleja, la mayor recompensa no está solo en las ventas, sino en ver florecer el esfuerzo de todo un año. “La satisfacción más grande es tener este paraíso y compartirlo con la gente. Aquí los esperamos para que vengan a conocerlo, tomarse fotos y llevarse sus flores”, dijo el productor con una sonrisa.

El campo se ubica en la Avenida Palestina y calle Chihuahua, y permanecerá abierto al público durante toda la temporada del Día de Muertos, ofreciendo un espacio donde la tradición, el color y la memoria se entrelazan entre pétalos y aromas que evocan la vida y el recuerdo.

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