Cilia Flores, esposa de Nicolás Maduro, construyó una influyente carrera política dentro del chavismo y es considerada una de las figuras más poderosas del régimen venezolano.

Cilia Flores, conocida popularmente como “Cilita”, ha sido durante más de una década la esposa del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, y una de las figuras con mayor influencia dentro del chavismo. Aunque de manera oficial es llamada “primera combatiente” y no primera dama, su peso político se ha extendido por más de tres décadas, tiempo en el que ha construido un capital propio que la coloca como una de las mujeres más poderosas del país.
De acuerdo con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, tanto Maduro como Flores fueron capturados y trasladados fuera de Venezuela tras un operativo militar estadounidense realizado durante la madrugada del sábado en Caracas. Posteriormente, la secretaria de Justicia de Estados Unidos, Pam Bondi, informó que ambos fueron acusados formalmente en el Distrito Sur de Nueva York por diversos delitos, entre ellos conspiración para el narcoterrorismo, tráfico internacional de cocaína y posesión de armas de guerra, señalando que enfrentarán procesos judiciales en tribunales estadounidenses.
Cilia Flores nació en 1956 en Tinaquillo, en el estado Cojedes, y creció en zonas populares del oeste de Caracas. Abogada de profesión, especializada en derecho laboral y penal, se vinculó al movimiento chavista desde sus orígenes. Durante la década de 1990 brindó asesoría legal a Hugo Chávez y a otros militares implicados en el intento de golpe de Estado de 1992 contra el entonces presidente Carlos Andrés Pérez. En ese mismo entorno conoció a Nicolás Maduro, quien participaba activamente en las campañas por la liberación de Chávez y formaba parte de su equipo de seguridad.
La relación personal entre Flores y Maduro se consolidó paralelamente a sus trayectorias políticas. Mientras el chavismo avanzaba, ella fue construyendo una carrera propia. En el año 2000 fue electa diputada de la Asamblea Nacional, cargo que volvió a obtener en 2005. En 2006 se convirtió en la primera mujer en presidir el Parlamento venezolano, sucediendo precisamente a Maduro, quien pasó a ocupar la Cancillería durante el gobierno de Chávez.
Su gestión al frente de la Asamblea estuvo rodeada de polémica. Durante ese periodo se restringió el acceso de la prensa a las sesiones legislativas y surgieron señalamientos sobre la contratación de familiares en el Congreso. Flores negó irregularidades formales, aunque reconoció públicamente que algunos de sus parientes fueron contratados, defendiendo su desempeño y calificando las acusaciones como parte de una campaña de desprestigio.
Entre 2009 y 2011 ocupó la segunda vicepresidencia del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) y en 2012 fue designada procuradora general de la República por Hugo Chávez. En los últimos meses de vida del líder chavista, acompañó junto a Maduro las visitas médicas en Cuba. Tras la muerte de Chávez, Flores mantuvo un perfil simbólicamente cercano al fundador del movimiento, al punto de identificarse en redes sociales como “hija de Chávez”.
Después de más de dos décadas de relación, Flores y Maduro contrajeron matrimonio en julio de 2013, poco después de que él ganara las elecciones presidenciales frente al opositor Henrique Capriles. A partir de entonces, su presencia pública disminuyó, aunque analistas coinciden en que su influencia interna se mantuvo e incluso se fortaleció como asesora cercana y figura de confianza en momentos clave del chavismo, especialmente durante las disputas internas por la sucesión de Chávez.
Diversas politólogas han señalado que el poder de Flores opera principalmente tras bambalinas y no está formalizado en estructuras institucionales. Aun así, coinciden en que su papel ha sido determinante en la toma de decisiones y en la consolidación del liderazgo de Maduro. En un contexto donde pocas mujeres ocupan posiciones jerárquicas dentro del chavismo, Flores destaca como una excepción.
En el ámbito internacional, su nombre cobró notoriedad en 2015, cuando dos de sus sobrinos fueron detenidos por la agencia antidrogas de Estados Unidos y posteriormente condenados en Nueva York por delitos relacionados con narcotráfico. Además, en 2018 fue sancionada por Canadá y por el Departamento del Tesoro de Estados Unidos, bajo el argumento de que formaba parte del círculo cercano que sostenía al régimen de Maduro en el poder.
A pesar de las sanciones y controversias, Flores regresó al Poder Legislativo como integrante de la Asamblea Constituyente en 2017 y posteriormente como diputada de la Asamblea Nacional en 2021, cargo que conserva. Aunque no se le reconoce una agenda feminista propia, su figura es percibida por la opinión pública como inseparable de la de Maduro, compartiendo tanto su respaldo político como su desgaste e impopularidad.