Un informe interno de Harvard advierte sobre inflación de calificaciones, ausentismo y bajo compromiso académico, reavivando el debate sobre la exigencia y el valor real de la educación universitaria.

La Universidad de Harvard atraviesa un intenso debate académico tras la difusión de un informe interno que alerta sobre la inflación de calificaciones, la escasa participación estudiantil en las aulas y un bajo nivel de compromiso académico entre el alumnado. El documento ha generado cuestionamientos sobre la exigencia educativa que históricamente ha distinguido a la institución.
De acuerdo con información publicada por The New York Times, el incremento sostenido de calificaciones máximas ha despertado dudas acerca del valor real de la formación impartida en Harvard. El reporte señala que una proporción significativa de estudiantes obtiene notas elevadas aun cuando no asiste con regularidad a clases ni participa activamente en las discusiones académicas.
El informe fue elaborado por el Classroom Social Compact Committee, integrado por siete profesores, quienes analizaron la dinámica en las aulas y detectaron que el absentismo se intensificó tras la pandemia, en paralelo con el crecimiento de la enseñanza remota. Según los datos presentados, mientras en 2015 alrededor del 40% de las calificaciones otorgadas correspondían a las más altas, en la actualidad ese porcentaje se aproxima al 60%.
Amanda Claybaugh, decana de educación de pregrado, expuso que esta tendencia refleja un problema estructural. El documento advierte que “la inflación de calificaciones desenfrenada les permite avanzar de todas formas”, lo que reduce los incentivos para asistir a clase o involucrarse activamente en el proceso de aprendizaje.
Entre las causas identificadas, el informe señala que muchos estudiantes seleccionan materias en función de la facilidad para obtener buenas calificaciones, priorizando cursos y profesores con reputación de ser flexibles. Asimismo, se menciona que existe una renuencia a participar en clase por temor a sanciones sociales o a expresar opiniones que no coincidan con las ideas predominantes.
Otros factores que influyen en el ausentismo incluyen la disponibilidad de grabaciones de las clases, la posibilidad de realizar múltiples tareas mediante dispositivos electrónicos y el temor a disentir en un entorno percibido como ideológicamente sensible. Omosefe Noruwa, estudiante de ciencias pre-médicas, explicó a The New York Times que “si pueden sacar buenas notas sin asistir, dejan de ir”, y agregó que el clima político del campus puede resultar incómodo tanto para estudiantes liberales como conservadores, aunque considera que actualmente es menos tenso.
El profesor de economía David Laibson, copresidente del comité, recordó que estas problemáticas no son nuevas y que existen desde la década de los años ochenta. En una de las clases más concurridas de Harvard, Laibson implementó una sección sin dispositivos electrónicos, la cual, según relató, suele permanecer vacía. “Tienen que saber que cuando miran el teléfono no están escuchando lo que digo”, señaló al explicar cómo el uso de tecnología afecta la atención y el aprendizaje.
El comité también advierte que es común que los estudiantes simulen haber realizado las lecturas asignadas, lo que empobrece el nivel del debate y limita la participación a unos cuantos alumnos. Esta dinámica, sumada al temor al rechazo social o a discrepar con el profesorado, fomenta discusiones poco profundas. De acuerdo con el informe, solo un tercio del alumnado de último año se siente plenamente libre de expresar sus posturas sobre temas polémicos, una cifra menor a la registrada el año anterior.
Existen además factores institucionales que inciden en el fenómeno. Harvard permite la doble matrícula, lo que autoriza a los estudiantes a inscribirse en dos clases que se imparten al mismo tiempo, facilitando el ausentismo. Aunque Laibson reconoció que la enseñanza presencial es preferible, admitió que eliminar esta opción complicaría la organización académica de muchos alumnos. A ello se suma el temor del profesorado a reducir la nota media, por las posibles repercusiones en las evaluaciones docentes realizadas por los estudiantes.
Ante este panorama, la universidad ha comenzado a implementar medidas para revertir la tendencia. Algunas asignaturas ya controlan la asistencia y promueven la toma de apuntes a mano, limitando el uso de dispositivos electrónicos en el aula. También se fomenta la libre expresión mediante reglas que protegen la confidencialidad y el intercambio respetuoso de ideas. Incluso, se ha incorporado como requisito de admisión un ensayo sobre una experiencia personal de desacuerdo.
El informe subraya que esta situación no es exclusiva de Harvard. Según The New York Times, el ausentismo también afecta a universidades públicas, donde factores económicos y laborales influyen de manera determinante. Docentes de diversas instituciones coinciden en que atraer y mantener la atención de los estudiantes se ha convertido en un reto generalizado.
Joshua Schultzer, estudiante de segundo año, explicó que la presión por equilibrar actividades extracurriculares y rendimiento académico es constante. Señaló que muchos jóvenes llegan a Harvard acostumbrados a esa dinámica y la mantienen durante sus estudios. En contraste, estudiantes como Nora Koutoupes Guessous han optado por reducir compromisos externos para priorizar su desempeño académico.
El debate sobre el valor de un título en Harvard adquiere así una renovada relevancia. Mientras la institución busca recuperar la exigencia académica y fortalecer la participación en las aulas, la comunidad universitaria reflexiona sobre cómo equilibrar el rigor educativo con las demandas de un entorno cada vez más competitivo.