La OMS declaró emergencia de salud pública de importancia internacional por un brote de ébola en la República Democrática del Congo que suma 88 muertos y 336 casos sospechosos. La cepa involucrada, Bundibugyo, no cuenta con vacuna ni tratamiento específico aprobado.

La Organización Mundial de la Salud declaró este domingo una emergencia de salud pública de importancia internacional por el nuevo brote de ébola en la República Democrática del Congo, luego de que se confirmara un caso en la ciudad de Goma, zona estratégica controlada por la milicia M23 y ubicada cerca de la frontera con Ruanda. La declaración eleva el nivel de alerta mundial ante el riesgo de expansión regional de una epidemia que hasta el momento suma 88 fallecimientos y 336 casos sospechosos.
El director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, calificó el escenario de gran preocupación debido a la velocidad de propagación y a las limitaciones sanitarias en las regiones afectadas. Aunque precisó que el brote no cumple por el momento los criterios de emergencia pandémica, la declaración activa mecanismos de coordinación internacional y de movilización de recursos para intentar contener la enfermedad.
El caso que encendió las alarmas internacionales fue el de una mujer identificada como la esposa de un hombre fallecido por ébola en Bunia, quien viajó a Goma ya con infección activa. El especialista Jean-Jacques Muyembe explicó que ese desplazamiento es el punto de entrada del virus a una ciudad de alta conectividad, lo que complica los esfuerzos de contención.
El ministro de Salud congoleño, Samuel-Roger Kamba, confirmó que el brote corresponde a la cepa Bundibugyo, identificada por primera vez en 2007 y para la que actualmente no existe una vacuna aprobada ni un tratamiento específico. A diferencia de la variante Zaire, contra la que sí existen vacunas como Ervebo, esta cepa representa un desafío adicional para las brigadas médicas. La tasa de mortalidad puede alcanzar el 50 por ciento, según advirtió el propio ministro.
La emergencia se concentra principalmente en la provincia de Ituri, fronteriza con Uganda y Sudán del Sur, donde hospitales y centros comunitarios enfrentan severas limitaciones operativas. Isaac Nyakulinda, representante de la sociedad civil local, denunció que llevan dos semanas viendo morir a personas sin contar con espacios para aislar a los enfermos. Médicos Sin Fronteras anunció una respuesta a gran escala, aunque reconoció las dificultades logísticas que impone la poca conectividad y la limitada infraestructura sanitaria en las zonas rurales afectadas.
Uno de los elementos destacados por la comunidad científica fue la rapidez con que investigadores congoleños publicaron la secuencia genómica del virus apenas 24 horas después de declararse oficialmente el brote. Los análisis determinaron que la nueva variante tiene una similitud del 99.5 por ciento con el virus detectado originalmente en Yambuku en 1976, aunque presenta diferencias con brotes previos registrados en 2007 y 2009. La OMS advirtió además que la magnitud real del brote podría ser mayor de lo que actualmente se reporta, dado el reducido número de muestras analizadas y la detección de casos en más de un país.
El contexto global añade una capa de complejidad a la respuesta. Expertos han advertido que la reducción de programas internacionales vinculados con Estados Unidos, el debilitamiento de organismos multilaterales y los recortes a estructuras de cooperación sanitaria podrían afectar la capacidad de respuesta ante epidemias emergentes, reabriendo el debate sobre la importancia de mantener redes internacionales de vigilancia epidemiológica activas y financiadas.
En los últimos 50 años, el ébola ha provocado alrededor de 15 mil muertes en África, consolidándose como una de las enfermedades más letales del continente y una amenaza recurrente para los sistemas de salud a nivel global.