La jubilación puede extenderse por décadas, por eso es vital no solo ahorrar, sino tener un plan claro, flexible y adaptado a tus necesidades para disfrutar ese tiempo con tranquilidad.

Una de las mayores inquietudes entre los futuros jubilados no es la salud o la soledad, sino quedarse sin dinero. De hecho, casi dos tercios de los estadounidenses temen más agotar sus ahorros en la jubilación que a la muerte misma. Y no es un temor infundado: una parte importante de los jubilados no tiene ningún plan estructurado para el retiro de sus fondos, lo que puede llevarlos a tomar decisiones financieras precipitadas o insostenibles.
Peter de Silva, director ejecutivo de IRALogix, advierte que no se puede llegar a los 65 años sin un plan definido. Se trata de un proceso de largo plazo, especialmente si los mercados sufren caídas en los primeros años del retiro, algo que puede poner en peligro la estabilidad financiera del jubilado. Las estadísticas muestran que cuando las acciones bajan, muchos jubilados regresan a la fuerza laboral, y uno de cada diez afirma que trabaja por necesidad económica.
La tradicional “regla del 4 por ciento”, propuesta por Bill Bengen en los años 90, sigue siendo una referencia básica: retirar un 4 % del capital en el primer año y ajustar a la inflación puede durar 30 años. Sin embargo, muchos expertos creen que esta estrategia debe ajustarse a cada persona. Morningstar, por ejemplo, ha recomendado tasas que varían año con año, siendo del 3.7 % para 2024. Aun así, existe otro riesgo: vivir tan precavidamente que se termina sin disfrutar lo ahorrado.
El gasto en la jubilación no es uniforme. Suele aumentar en los primeros años, cuando los jubilados se dan gustos largamente postergados, y disminuir después de los 80 años. Por ello, es esencial personalizar el plan de retiro, considerando los gastos reales, estilo de vida, si se desea seguir trabajando, y si se planea dejar herencia o un legado.
Los expertos recomiendan definir primero los objetivos para la jubilación: viajar, descansar, trabajar menos, dedicar tiempo al voluntariado o a la familia. Luego, calcular los gastos fijos (alimentos, servicios, vivienda, salud) y determinar qué ingresos estables (como pensión o Seguro Social) pueden cubrirlos. Si hay déficit, pueden considerarse herramientas como retiros programados, hipotecas inversas o rentas vitalicias simples.
Las rentas vitalicias son instrumentos de seguro que ofrecen pagos constantes. Aunque no siguen el ritmo de la inflación, pueden brindar estabilidad si se combinan con otros recursos. También se recomienda retirar fondos de manera planificada, por ejemplo, trasladando anualmente el dinero necesario para vivir a cuentas seguras. Esto ayuda a evitar retiradas en momentos de baja del mercado, protegiendo el capital.
Asimismo, los jubilados pueden hacer conversiones a cuentas Roth IRA para reducir su carga fiscal futura y gestionar de forma más eficiente los retiros obligatorios. En este sentido, contar con un fondo de emergencia es esencial.
Por último, aunque muchos prefieren manejar sus finanzas por sí mismos, la jubilación es una etapa compleja donde intervienen muchos factores. Un planificador financiero por honorarios puede ser una buena opción para quienes desean orientación sin ceder el control de sus fondos. No se trata de gastar más en asesoría, sino de tener una estrategia clara y sostenible.
Como bien concluye De Silva: tener un millón de dólares no garantiza la seguridad financiera durante 25 o 30 años de retiro si no se gestiona de forma inteligente. Hacer cuentas, prever escenarios y ajustar conforme avanza el tiempo puede marcar la diferencia entre una jubilación preocupada y una plenamente disfrutada.