Artemis II revelará zonas jamás vistas de la Luna por el ser humano

La misión Artemis II permitirá observar regiones nunca vistas del lado lejano de la Luna y abrirá una nueva etapa en la exploración y estudio del satélite.

La misión Artemis II permitirá observar el lado lejano de la Luna y avanzar en el estudio de su origen y composición.

Cuando la misión Artemis II de la NASA despegue, previsiblemente a inicios de marzo, marcará el regreso de astronautas a las inmediaciones de la Luna después de más de 50 años. Durante el viaje de 10 días alrededor del satélite natural, la tripulación podrá observar características del lado lejano que ningún ser humano ha contemplado directamente.

A diferencia de las misiones Apollo, cuyas órbitas se concentraron en el lado cercano y ecuatorial de la Luna por razones de comunicación y seguridad, Artemis II permitirá una perspectiva distinta. Los astronautas sobrevolarán el lado oscuro lunar, siempre opuesto a la Tierra, lo que abrirá la posibilidad de estudiar regiones hasta ahora analizadas únicamente por sondas robóticas.

“Hemos estado observando la Luna a lo largo de la historia humana (…) sin embargo, aún hay muchas cosas que no entendemos sobre la Luna a un nivel muy básico”, señaló Jeff Andrews-Hanna, profesor del Laboratorio Lunar y Planetario de la Universidad de Arizona.

Las misiones Apollo, realizadas entre finales de los años sesenta y principios de los setenta, sentaron las bases del conocimiento actual sobre la Luna. Las muestras de rocas y suelo lunar revelaron información clave sobre su origen y composición. Estudios recientes incluso identificaron agua atrapada en materiales que se creían completamente secos.

Sin embargo, los sitios de aterrizaje de Apollo fueron limitados y no representan toda la diversidad geológica lunar. Los científicos buscan ahora comprender por qué el lado cercano y el lado lejano de la Luna presentan diferencias tan marcadas. El primero tiene corteza más delgada, extensas llanuras volcánicas y concentraciones del componente geoquímico KREEP; el segundo posee corteza más gruesa, mayor elevación y menor evidencia volcánica.

“La Luna es asimétrica en casi todos los aspectos, y no sabemos por qué”, afirmó Andrews-Hanna. Esta asimetría constituye uno de los mayores enigmas en la ciencia lunar.

La misión Artemis II no contempla alunizaje, pero permitirá observaciones directas que podrían orientar futuras decisiones sobre sitios de descenso, especialmente en el polo sur lunar. Durante su aproximación más cercana, la cápsula Orión volará entre 6.437 y 9.656 kilómetros sobre la superficie, ofreciendo una vista completa del disco lunar, incluidas regiones polares usualmente en sombra.

La tripulación está integrada por los astronautas Reid Wiseman, Victor Glover y Christina Koch, de la NASA, así como Jeremy Hansen, de la Agencia Espacial Canadiense. Durante aproximadamente tres horas sobre el lado lejano, capturarán imágenes y describirán en tiempo real formaciones como cráteres de impacto y antiguos flujos de lava.

Entre los objetivos científicos destaca la cuenca Polo Sur-Aitken, el cráter más grande y profundo de la Luna, con unos 2.500 kilómetros de diámetro y más de 8 kilómetros de profundidad. Determinar su edad ayudaría a comprender la historia temprana del sistema solar. “Comprender su edad es como encontrar la piedra Rosetta de la historia temprana del sistema solar”, explicó Noah Petro, jefe del Laboratorio de Planetología de la NASA.

Los estudios de la Luna también permiten reconstruir capítulos de la historia primitiva de la Tierra. La teoría predominante sostiene que la Luna se formó tras el impacto de un objeto del tamaño de Marte contra nuestro planeta. Evidencias isotópicas encontradas en muestras Apollo respaldan esta hipótesis.

“La Tierra no sería el planeta que es hoy si no fuera por el impacto que formó la Luna”, afirmó Andrews-Hanna, subrayando que la estabilidad climática terrestre depende en gran medida de la presencia del satélite.

Las futuras misiones Artemis III y IV, previstas para finales de la década, buscarán regresar astronautas a la superficie, especialmente al polo sur, donde podría existir hielo en regiones permanentemente sombreadas. “El santo grial (…) es cuánto hielo hay y de dónde vino”, indicó Paul Hayne, experto en ciencias planetarias.

La exploración lunar no solo ampliará el conocimiento sobre la Luna, sino que también servirá como base tecnológica para misiones tripuladas a Marte. “Si entendemos la Tierra, la Luna y Marte, tendremos un buen entendimiento de cómo funcionan los planetas”, sostuvo Petro.

A más de medio siglo de Apollo, el programa Artemis inaugura una nueva etapa de exploración. Aunque la Luna ha sido estudiada durante décadas, los científicos coinciden en que aún está lejos de comprenderse por completo. Como expresó Petro: “Estamos lejos de tener una imagen completa de la Luna, pero estamos construyendo la historia”.

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