Ataque en CCH Sur: perfil de Lex Ashton apunta a relación con grupos incels

El ataque en CCH Sur apunta a una posible relación del agresor con la subcultura incel, vinculada a discursos de odio y actos violentos en distintos países.

Ataque

El ataque ocurrido el 22 de septiembre en el CCH Sur, donde Lex Ashton N, de 19 años, asesinó a un estudiante de 16 e hirió a un trabajador, comienza a vincularse con una subcultura digital de corte extremista: los incels (célibes involuntarios).

De acuerdo con información de Milenio, Ashton habría realizado publicaciones en grupos de Facebook relacionados con esta ideología. Una de ellas en el foro “Farmacia curincel”, donde los usuarios se identifican como incels, reforzó la hipótesis de su cercanía a esta comunidad que opera en redes como Reddit, TikTok, Discord y 4Chan.

El término incel nació a finales de los 2000 como un foro de apoyo a personas que se sentían aisladas, pero con el tiempo derivó en un espacio de odio y misoginia, donde algunos jóvenes expresan frustración por el rechazo femenino. Su universo simbólico incluye jerga propia:

  • Foid: despectivo para referirse a mujeres (“female humanoid”).
  • Chads: hombres atractivos y exitosos.
  • Stacys: mujeres consideradas deseables.
  • Black pill: nivel extremo de la ideología, que rechaza la autoayuda y promueve discursos violentos.

En redes circula un mensaje presuntamente escrito por Ashton donde expresa su resentimiento: “Nunca en mi vida he recibido el amor de una mujer… no tengo motivos para seguir con vida, pero no pienso irme solo”.

Este tipo de mensajes encajan con la narrativa de los incels, señalada por organismos internacionales como una de las comunidades más peligrosas de internet. Investigaciones académicas vinculan al menos 12 ataques violentos desde 2022 con este grupo, incluyendo el caso de Elliot Rodger en California (2014) y el de Jake Davison en Reino Unido (2021).

En México, especialistas como Aldo Bravo, antropólogo de la UNAM, advierten que la pandemia y el aislamiento social intensificaron la vulnerabilidad de adolescentes y jóvenes, facilitando su entrada a estas comunidades digitales extremistas.

El ataque en el CCH Sur no solo abrió una investigación judicial por homicidio y lesiones, sino también un debate social sobre el impacto de estas subculturas digitales en la violencia juvenil y la necesidad de fortalecer la prevención en entornos educativos y digitales.

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