El condado de Kerr en Texas rechazó sistemas de alerta de inundación por considerarlos costosos; la reciente tragedia dejó más de 80 muertos y múltiples desaparecidos.

Durante años, el condado de Kerr, en Texas, había discutido la necesidad de instalar un sistema moderno de alerta ante inundaciones en la cuenca del río Guadalupe, una de las zonas más vulnerables del país a este tipo de fenómenos. Sin embargo, preocupaciones presupuestarias impidieron su implementación, una decisión que hoy es objeto de cuestionamientos tras la devastadora inundación ocurrida el pasado 4 de julio.
Los funcionarios del condado evaluaron en varias ocasiones la posibilidad de adquirir medidores de nivel de agua, sirenas y sistemas de notificación masiva. Pero tanto en 2015 como en 2017, tras otras inundaciones mortales en la región, los proyectos fueron descartados por su elevado costo. Incluso perdieron una subvención federal de un millón de dólares al no presentar una propuesta viable.
En lugar de sistemas tecnológicos, durante años se confiaron a métodos informales: líderes de campamentos de verano, ubicados río arriba, alertaban a los demás por teléfono cuando el agua comenzaba a subir. Aunque útil, este método no garantizaba cobertura oportuna ni alcance para toda la población.
Al momento de la tragedia reciente, no había sirenas ni medidores en operación. Las alertas de texto que sí fueron emitidas llegaron tarde o no fueron tomadas en serio por los residentes, habituados a advertencias constantes sin consecuencias inmediatas.
El condado de Kerr, con un presupuesto anual de 67 millones de dólares, consideró en mayo pasado adherirse a un sistema regional de monitoreo, pero no avanzó por falta de recursos. La resistencia de los contribuyentes a más gasto fue uno de los factores decisivos, reconoció Rob Kelly, juez del condado.
La región forma parte del llamado «callejón de las inundaciones repentinas», donde las condiciones geográficas y meteorológicas pueden causar crecidas extremadamente rápidas, especialmente de noche. Ya en 1987, una riada en el río Guadalupe causó la muerte de 10 adolescentes cuando un autobús escolar fue arrastrado por el agua.
Expertos como Avantika Gori, investigadora de la Universidad Rice, señalan que incluso sistemas sencillos —como pluviómetros o aforadores conectados a sirenas o mensajes masivos— podrían ofrecer minutos valiosos para evacuar. Pero advirtió que muchos condados rurales carecen del presupuesto necesario y se enfrentan a un rezago de infraestructura que asciende a 54 mil millones de dólares en todo Texas.
El estado solo ha destinado 669 millones de dólares a través del Fondo de Infraestructura para Inundaciones, a pesar de haber aprobado este año recortes fiscales por 51 mil millones. En el caso de Kerr, apenas habrían recibido el 5% del monto necesario para instalar su sistema.
Durante la inundación, algunos residentes como Sujey Martin desestimaron las alertas nocturnas, creyendo que no era una situación grave. Otros, como Louis Kocurek, se enteraron por familiares antes de recibir notificaciones oficiales. En varios casos, las alertas llegaron cuando ya era imposible evacuar.
La tragedia ha dejado al menos 80 personas fallecidas, incluyendo 28 niños, y varios desaparecidos, entre ellos niñas de campamento y una orientadora. La comunidad se pregunta ahora si un sistema de alerta habría hecho la diferencia.
Para Tom Moser, ex comisionado del condado y promotor de un sistema de alerta años atrás, la lección es clara: “Creo que esto debería ser una advertencia. Hay muchas cosas que se pueden aprender de lo que pasó en Kerr”.