Cárteles mexicanos adoptan emojis para reclutar y marcar identidad en redes sociales

Los emojis se han convertido en un lenguaje simbólico entre integrantes del crimen organizado en México, desde el reclutamiento hasta la guerra de narrativas.

emojis

Las redes sociales han sido absorbidas por casi todos los sectores de la sociedad, incluyendo al crimen organizado, que ha encontrado en las plataformas digitales un terreno fértil para difundir mensajes, reclutar jóvenes, intimidar a rivales y construir su propia identidad simbólica. Lo que comenzó como una simple herramienta visual para enriquecer conversaciones, ahora forma parte del lenguaje cotidiano de los cárteles mexicanos, quienes han adoptado los emojis como parte de su estrategia comunicativa.

La UNAM señala que los emojis comenzaron como combinaciones de signos y evolucionaron hasta convertirse en íconos visuales con múltiples interpretaciones. Este fenómeno se ha vuelto aún más complejo al involucrar a las generaciones jóvenes, quienes utilizan estas imágenes para expresar ideas con mayor fluidez que a través del texto. Esa evolución comunicativa ha sido aprovechada también por los grupos delictivos, que actualmente integran símbolos visuales como gallos, sombreros, pizzas, caballos o calaveras para distinguir sus facciones, figuras clave o actividades.

Un ejemplo claro de este uso se evidenció tras el hallazgo del Rancho Izaguirre en Teuchitlán, Jalisco, donde fueron localizadas víctimas de desaparición forzada. Investigaciones oficiales y académicas revelaron que algunas cuentas de TikTok asociadas al Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) estaban involucradas en el reclutamiento de jóvenes a través de mensajes que usaban emojis, hashtags y frases relacionadas con supuestos trabajos bien remunerados.

Un estudio reciente del Colegio de México sobre el reclutamiento digital de cárteles expone que el uso de emojis permite identificar contenidos vinculados al crimen organizado en redes sociales. Estos símbolos no solo refieren un estilo de vida criminal, sino que además consolidan identidades internas que permiten diferenciar facciones y jerarquías.

Por ejemplo, Los Chapitos —una facción del Cártel de Sinaloa— han adoptado el emoji de la pizza como su insignia, visible en redes, narcomantas e incluso en escenas del crimen. A Néstor Isidro Pérez Salas, “El Nini” o “Chicken Little”, se le asocia con un emoji de pollo, mientras que “El Mayito Flaco” del grupo de “La Mayiza”, identificado con Ismael “El Mayo” Zambada, es representado con caballos y caritas con sombreros, una extensión simbólica del apodo “Señor del Sombrero”.

Otros líderes, como Fausto Isidro Meza Flores, alias “El Chapo Isidro”, aparecen asociados a emojis de ramos de flores. Pero ese mismo símbolo, dependiendo del contexto, también puede referirse a Audias Flores Silva, “El Jardinero”, del CJNG. Esto demuestra que algunos emojis pueden tener significados múltiples según la organización criminal.

Dentro del CJNG, el emoji de gallo representa a su líder, Nemesio Oseguera Cervantes, conocido como “El Señor de los Gallos”. También se utiliza el símbolo “NG” como alusión al grupo, a pesar de que originalmente significa “Not Good”.

Otros símbolos como ninjas, cascos de guerra, calaveras, diablos, ogros japoneses (Namahague), ojos turcos y rosarios también son frecuentes en los mensajes que circulan entre los usuarios afiliados al crimen organizado. Algunos evocan poder, protección, violencia o incluso terror. En el caso del rosario, incluso se le relaciona con prácticas religiosas como la santería, cada vez más presentes en narcocorridos y rituales del narco.

Aunque algunos mensajes vienen acompañados de hashtags que dejan claras sus intenciones, el uso de emojis se ha convertido en un lenguaje cifrado que también representa una amenaza latente, pues no solo transmite mensajes entre criminales, sino que también puede pasar desapercibido ante la vista de usuarios comunes o autoridades que no estén entrenadas para decodificar este nuevo lenguaje simbólico.

Este fenómeno plantea un desafío importante: cómo enfrentar, desde una visión legal y tecnológica, el uso del entorno digital como herramienta para fortalecer estructuras criminales, reclutar jóvenes y perpetuar ciclos de violencia desde el anonimato y el simbolismo de una simple imagen.

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