La reducción global de fondos para investigación básica pone en riesgo avances como la PCR, la resonancia magnética y el Ozempic, recuerda un artículo de Nature.

Los recortes a la investigación fundamental en varios países están generando preocupación en la comunidad científica internacional, que advierte sobre los riesgos de descuidar los estudios que, aunque no buscan beneficios inmediatos, han sido el origen de descubrimientos que transformaron la ciencia y la medicina.
Según un artículo publicado esta semana por la revista Nature, muchos de los avances más importantes del último siglo —como la reacción en cadena de la polimerasa (PCR), la resonancia magnética (RM) o los fármacos derivados del estudio del GLP-1, como el Ozempic— surgieron de investigaciones básicas que inicialmente solo buscaban ampliar el conocimiento.
Presión sobre el financiamiento
En Estados Unidos, la Fundación Nacional de Ciencias (NSF) canceló 1,600 subvenciones por un total de 1,000 millones de dólares, mientras que el presidente Donald Trump propuso un recorte del 55% al presupuesto del organismo. En Europa, la situación también se complica con la intención de incluir proyectos de defensa en el programa Horizonte Europa, que tradicionalmente ha financiado investigación civil.
En contraste, China anunció un aumento de la inversión en ciencia básica en su próximo plan quinquenal (2026–2030), desmarcándose de la tendencia global de recortes.
Ejemplos que justifican su defensa
El artículo de Nature subraya que avances hoy indispensables nacieron de trabajos sin aplicación inmediata:
- La PCR, base de las pruebas de diagnóstico durante la pandemia, se originó en el estudio de bacterias termófilas por los microbiólogos Hudson Freeze y Thomas Brock.
- La resonancia magnética provino del análisis de las propiedades físicas del núcleo atómico.
- El Ozempic, medicamento usado para la diabetes y la pérdida de peso, tiene sus raíces en investigaciones con lagartos venenosos.
- Incluso los televisores de pantalla plana derivan de estudios sobre pigmentos aislados de zanahorias.
Estos ejemplos demuestran que la curiosidad científica pura, sin presiones de rentabilidad, puede generar resultados con impacto global décadas después.
Un problema estructural
Nature advierte que el modelo actual de financiamiento exige resultados medibles a corto plazo, lo que dificulta la continuidad de proyectos a largo plazo. Si bien la rendición de cuentas es necesaria, se recuerda que los grandes avances suelen surgir de lo inesperado, y que la ciencia privada difícilmente invierte en ese tipo de investigación debido a la falta de retorno inmediato.
El artículo llama a los gobiernos a reequilibrar la asignación de recursos y a abandonar la idea de que la investigación básica es prescindible. “Los descubrimientos que transforman el mundo suelen ocurrir por accidente, pero no sin años de trabajo minucioso y apoyo sostenido”, concluye la publicación.
La advertencia es clara: sin ciencia básica, no hay innovación ni progreso duradero.