El colapso de un glaciar en el Himalaya provocó una avalancha de hielo y roca que bloqueó un río y desató inundaciones devastadoras en Nepal.

El colapso de un glaciar en el Himalaya provocó una avalancha de hielo, roca y sedimentos que bloqueó temporalmente un río y posteriormente desató una enorme crecida que devastó comunidades de Nepal y la región del Tíbet, en la frontera con China. Aunque inicialmente se consideró que un sismo había podido desencadenar la emergencia, análisis posteriores determinaron que el movimiento registrado fue consecuencia del propio colapso y del deslizamiento.
Expertos del Centro Internacional para el Desarrollo Integrado de las Montañas, con sede en Katmandú, señalaron que la avalancha procedente del glaciar probablemente fue el origen de la crecida que afectó el sistema de ríos de la zona. Las observaciones hidrológicas mostraron la velocidad y magnitud extraordinarias de la riada, con un aumento de hasta nueve metros en el nivel del río Trishuli en apenas 30 minutos.
El río Lhende Khola, afluente del Bhotekoshi, alcanzó su máximo nivel de crecida. De acuerdo con Saswata Sanyal, especialista en reducción del riesgo de desastres, el Lhende Khola se ha desbordado dos veces en los últimos 14 meses, pero en esta ocasión el detonante fue una avalancha de hielo y roca procedente de un glaciar que bloqueó el cauce y después liberó de manera repentina una gran cantidad de agua y materiales río abajo.
Imágenes satelitales y análisis posteriores indicaron que una parte importante de la zona inferior de un glaciar se desprendió a unos 5 mil 200 metros de altitud y cayó aproximadamente mil 200 metros hasta el fondo del valle. Durante el descenso, la masa de hielo incorporó roca y sedimentos, generando una avalancha que terminó impactando el cauce del Lhende. Los materiales bloquearon temporalmente el río y, cuando la barrera natural cedió, el agua avanzó con fuerza hacia las zonas ubicadas río abajo.
El evento afectó principalmente la región fronteriza entre Nepal y China, con algunos de los mayores daños registrados en el distrito de Rasuwa, en Nepal. La corriente avanzó por el Lhende Khola, llegó al Bhotekoshi y posteriormente al Trishuli, transportando agua, lodo, hielo y grandes cantidades de roca. Las comunidades ubicadas en los valles fueron sorprendidas por la rapidez de la crecida.

Las primeras versiones relacionaron el desastre con un movimiento sísmico de magnitud 4.4. Sin embargo, el Servicio Geológico de Estados Unidos determinó posteriormente que la señal sísmica no correspondía a un terremoto que hubiera provocado el colapso, sino a la energía generada por el propio deslizamiento de hielo y roca. El fenómeno fue posteriormente registrado como un evento sísmico de magnitud 5.2 provocado por el movimiento de la masa desprendida.
La magnitud de la emergencia quedó reflejada en las imágenes captadas durante y después de la inundación. Videos mostraron a personas intentando escapar mientras el agua y el lodo avanzaban por las comunidades, arrastrando vehículos, viviendas, puentes y otros elementos de infraestructura. En algunas zonas, los niveles de lodo llegaron a cubrir partes importantes de los edificios, mientras escombros quedaron atrapados entre ramas y cables.
El desastre también provocó graves daños en las vías de comunicación. Autoridades reportaron la destrucción de al menos 19 puentes y alrededor de 40 kilómetros de carreteras, situación que complicó el acceso de los equipos de emergencia a las zonas más afectadas. El terreno montañoso y los daños provocados por la inundación dificultaron todavía más las labores de búsqueda y rescate.
La emergencia dejó además un importante impacto sobre la infraestructura hidroeléctrica. Al menos 15 proyectos fueron afectados y se reportó el cierre de alrededor de 431 megavatios de capacidad de generación, con daños particularmente importantes en instalaciones como Rasuwagadhi, Chilime y Sanjen.
En cuanto al saldo humano, las cifras aumentaron rápidamente conforme avanzaron las labores de búsqueda. Al corte más reciente consultado, autoridades de Nepal reportaban al menos 469 personas fallecidas en el país, mientras que otras tres murieron en la región del Tíbet. El número de desaparecidos superaba los mil 500 entre ambos territorios, aunque las cifras continúan sujetas a actualización debido a las dificultades para acceder a las zonas afectadas.
Entre las personas desaparecidas se encuentran ciudadanos extranjeros, turistas y peregrinos que se encontraban en la región. La emergencia también obligó a desplazar a cientos de personas y dejó comunidades cubiertas de lodo, con vehículos enterrados y viviendas destruidas o severamente dañadas.
El Ejército de Nepal desplegó helicópteros, drones, perros de búsqueda y personal especializado para localizar sobrevivientes y recuperar víctimas. Las operaciones también incluyeron la evacuación de personas atrapadas en instalaciones relacionadas con proyectos hidroeléctricos. En una de las operaciones más recientes, militares rescataron a trabajadores y residentes que habían quedado atrapados en un túnel de un proyecto hidroeléctrico.
Las condiciones meteorológicas, los niveles elevados de los ríos y la destrucción de caminos y puentes han complicado el trabajo de los equipos de emergencia. Además, las autoridades mantienen vigilancia sobre otros cuerpos de agua y zonas inestables ante la posibilidad de nuevas crecidas y deslaves.
Especialistas han advertido que el Himalaya es particularmente vulnerable a este tipo de fenómenos debido al calentamiento de la región. Las temperaturas elevadas favorecen cambios en los glaciares y pueden contribuir a la inestabilidad de las laderas de alta montaña. Aunque los científicos señalan que no es posible atribuir de manera directa cada colapso glaciar al cambio climático, sí advierten que el calentamiento aumenta las condiciones que pueden favorecer este tipo de eventos.
La tragedia también volvió a poner sobre la mesa la necesidad de fortalecer los sistemas de alerta temprana en las comunidades del Himalaya. Sanyal destacó que el Lhende Khola ha registrado dos grandes desbordamientos en un periodo de apenas 14 meses, lo que evidencia el nivel de exposición de las poblaciones asentadas en los valles y la importancia de contar con mecanismos capaces de advertir con rapidez sobre cambios peligrosos en los ríos.
Mientras continúan las labores de rescate, Nepal y China mantienen operaciones para localizar a las personas desaparecidas y evaluar los daños. La magnitud de la destrucción y las dificultades de acceso mantienen las tareas de emergencia como una prioridad, mientras las autoridades buscan determinar con mayor precisión el impacto de la inundación y las condiciones que llevaron al colapso del glaciar.
