El terremoto de magnitud 7.4 que golpeó Colombia deja 132 muertos, 188 desaparecidos y 570 heridos, además de graves daños en viviendas e infraestructura.

Un terremoto de magnitud 7.4 sacudió Colombia y dejó hasta el momento un saldo de 132 personas fallecidas, 188 desaparecidas y 570 heridas, además de 86 edificios colapsados, miles de viviendas destruidas o severamente dañadas, planteles educativos afectados, importantes vías de comunicación bloqueadas y siete aeropuertos fuera de servicio.
El movimiento telúrico es considerado el más potente registrado en Colombia durante lo que va del siglo y provocó una emergencia de grandes dimensiones en distintas regiones del país.
La magnitud de la tragedia se ha reflejado también en las diferencias entre los reportes oficiales. A las 12:30 horas, el presidente Abelardo de la Espriella informó que se habían contabilizado 111 personas fallecidas; sin embargo, a las 17:30 horas, la Asociación Colombiana de Ciudades Capitales (Asocapitales) elevó la cifra a 132.
El terremoto tuvo su epicentro en el municipio de San José del Palmar, en el departamento del Chocó, una región marginada ubicada cerca de los límites con Risaralda y Valle del Cauca. El Servicio Geológico Colombiano estimó que el movimiento se originó a una profundidad aproximada de 90 kilómetros.
El presidente se trasladó desde Chocó hacia Cali, en el departamento del Valle del Cauca, para coordinar las labores de recuperación. La ciudad fue escenario de su toma de posesión el viernes pasado y había recibido recientemente a alrededor de una veintena de mandatarios de 10 países, además de delegaciones internacionales.
Desde Cali, De la Espriella confirmó que había 188 personas desaparecidas únicamente en esa ciudad. El alcalde Álvaro Alejandro Eder Garcés informó, por su parte, que al menos 40 edificios habían colapsado, entre ellos tres hospitales, mientras que más de 4 mil viviendas presentaban daños severos.
Ante la pérdida de viviendas, el presidente anunció la entrega de subsidios habitacionales para las personas afectadas y la implementación de un plan de choque destinado a garantizar que los recursos lleguen de manera oportuna a las víctimas.
Previamente, el mandatario había señalado que había girado una “orden perentoria” como jefe de Estado y de gobierno para establecer como prioridad el rescate de las personas que permanecieran atrapadas bajo los escombros.
La actuación del presidente también generó críticas debido a su comportamiento previo a dirigirse al país en conferencia de prensa. El mandatario fue captado saludando, sonriendo y lanzando besos a sus seguidores mientras la emergencia comenzaba a adquirir mayores dimensiones.
Al anunciar su desplazamiento hacia Chocó, De la Espriella expresó además: “Le encomiendo nuestro país al señor Jesucristo”. Posteriormente viajó hacia San José del Palmar, donde las primeras evaluaciones apuntaban a que buena parte de las viviendas humildes del casco urbano habían quedado inhabitables.
Otros integrantes del gobierno fueron enviados a diferentes zonas afectadas. El vicepresidente José Restrepo y miembros del gabinete ministerial se desplazaron hacia departamentos del litoral Pacífico y del Eje Cafetero para coordinar acciones de atención y respuesta.
Los organismos de socorro advirtieron que el número de víctimas podría aumentar considerablemente conforme avancen las labores de búsqueda y rescate y se retiren los escombros de las estructuras colapsadas. Incluso estimaron que la cifra de fallecidos podría superar el millar.
La situación en las regiones más afectadas continuó deteriorándose con el paso de las horas. En zonas cercanas a Pereira, una de las ciudades con mayor impacto, se reportaron alrededor de 60 fallecidos, además de interrupciones en el suministro eléctrico, escasez de agua y dificultades para establecer comunicación mediante telefonía móvil e Internet.
El terremoto afectó principalmente a los departamentos del litoral Pacífico, entre ellos Valle del Cauca, Chocó y Cauca, así como a las entidades que integran el Eje Cafetero: Risaralda, Caldas y Quindío.
El gobierno declaró el estado de emergencia nacional y el presidente asumió directamente las tareas relacionadas con la Unidad de Gestión de Riesgos y Desastres. También fue instalado el Puesto de Mando Unificado, con su principal centro de operaciones en Bogotá, desde donde se coordinan las acciones de respuesta.
La declaratoria permite al gobierno comenzar a establecer medidas y apoyos mediante decretos presidenciales para atender a las personas damnificadas. Sin embargo, hasta el momento no se habían detallado todas las acciones que se implementarían para superar la crisis.
Ante la magnitud de los daños, sectores del Congreso cercanos al gobierno plantearon la posibilidad de declarar el estado de emergencia económica, social y ecológica contemplado por la Constitución Política. Esta figura otorgaría al presidente facultades adicionales para expedir decretos y acelerar los trabajos de reconstrucción en las zonas afectadas.
El sismo se sintió en casi la mitad de Colombia
El Servicio Geológico Colombiano informó que había recibido más de 14 mil reportes relacionados con el terremoto provenientes de más de 600 municipios. La cifra representa prácticamente la mitad de los municipios del país, que son alrededor de mil 160 distribuidos en 32 departamentos.
Los reportes indican que el movimiento fue percibido en una extensa zona del territorio colombiano, desde áreas cercanas a Venezuela hasta regiones próximas a Ecuador y hacia el suroccidente del país. Colombia cuenta con una superficie aproximada de un millón 141 mil 748 kilómetros cuadrados.
De acuerdo con el mismo organismo, el terremoto alcanzó una magnitud de 7.4 y tuvo efectos importantes en los departamentos del litoral Pacífico y el Eje Cafetero.
Entre las ciudades más afectadas se encuentran Cali, en Valle del Cauca, con una población cercana a los 2 millones de habitantes; Manizales, capital de Caldas, con alrededor de 600 mil habitantes; y Pereira, capital de Risaralda, también con una población cercana a los 600 mil habitantes.
En estas zonas se concentraron numerosos fallecimientos y daños materiales, incluido el colapso de edificios y viviendas. En Manizales, además, se reportó el derrumbe de la cúpula de su catedral.
Ante el riesgo de nuevos incidentes, los alcaldes de Cali, Pereira y Manizales determinaron establecer toque de queda, con restricciones a la movilidad y a las actividades en espacios y vías públicas. La medida busca prevenir posibles desmanes y saqueos en establecimientos comerciales mientras continúan las labores de emergencia.
Otro de los principales obstáculos para la atención de los damnificados son los derrumbes registrados en las carreteras. Diversas vías de acceso desde el norte y el sur quedaron bloqueadas, dificultando el traslado de equipos de rescate, suministros y ayuda humanitaria desde ciudades como Bogotá hacia las zonas más afectadas.
La comunidad internacional comenzó a movilizar apoyo ante la dimensión del desastre. México y Brasil anunciaron el envío de ayuda humanitaria y equipos de rescate, mientras que Estados Unidos y gobiernos europeos también ofrecieron asistencia. El respaldo europeo fue anunciado por conducto de la presidenta de la Comunidad Europea.
Apenas 72 horas después de asumir el gobierno, el terremoto representó la primera gran prueba para el liderazgo de Abelardo de la Espriella. El mandatario tuvo que trasladarse desde Barranquilla, donde se encuentra su despacho, hasta Bogotá y posteriormente a las regiones afectadas para encabezar la respuesta ante una emergencia cuya dimensión total todavía podría aumentar durante los próximos días.
