Colossal busca “resucitar” a la moa gigante de Nueva Zelandia, ave extinta de 3 metros de altura, mediante ingeniería genética y colaboración científica local.

Colossal Biosciences, una empresa de biotecnología con sede en Texas y especializada en proyectos de “desextinción”, anunció su intención de recuperar a la moa gigante, un ave no voladora extinta hace unos 600 años, que habitó en la Isla Sur de Nueva Zelandia. Esta especie, de cuello largo y casi tres metros de altura, desapareció tras la llegada de los primeros pueblos polinesios a la región, víctima de la caza excesiva y la transformación del hábitat.
La firma, que recientemente atrajo atención mundial al revelar el nacimiento de tres lobos terribles modificados genéticamente, añade así a la moa a una lista que ya incluye al mamut lanudo, el dodo y el tilacino o tigre de Tasmania. El objetivo de Colossal es combinar técnicas de edición genética, ADN antiguo y clonación para crear una versión viva de especies extintas mediante sus parientes actuales.
Para llevar a cabo el ambicioso proyecto, Colossal colaborará con el Centro de Investigación Ngāi Tahu, una institución maorí con sede en la Universidad de Canterbury en Christchurch. En una primera etapa, analizarán material genético de nueve especies de moa para reconstruir el genoma de Dinornis robustus, la variante más grande de estas aves.
Según Ben Lamm, CEO y cofundador de Colossal, el proceso permitirá también ampliar el conocimiento científico sobre la pérdida de biodiversidad provocada por la actividad humana y el cambio climático. La compañía, fundada en 2021 junto con el reconocido genetista George Church de Harvard, ha recaudado al menos 435 millones de dólares y planea una importante inversión en Nueva Zelandia.
Entre los inversores del proyecto se encuentra el director Peter Jackson, conocido por la saga El Señor de los Anillos y quien posee una de las mayores colecciones privadas de restos fósiles de moa. Se cuenta con numerosos huesos, fragmentos de huevo y hasta plumas que ayudarán en la reconstrucción genética.
Aunque el interés por la desextinción genera entusiasmo, también ha recibido críticas. El ornitólogo Scott MacDougall-Shackleton recordó que hay muchas especies de aves insulares en peligro crítico que requieren atención urgente, y cuestionó si es sensato desviar recursos hacia especies ya extintas. Para algunos científicos, el riesgo es que estos proyectos distraigan de los esfuerzos de conservación existentes.
Colossal ha defendido que su tecnología no pretende reemplazar la conservación tradicional, sino complementarla. Ya ha aplicado técnicas similares con el lobo rojo, la especie de cánido más amenazada del continente americano, logrando clonar dos camadas con un método menos invasivo desarrollado en paralelo a sus experimentos con el lobo terrible.
Los desafíos para revivir aves como la moa son distintos a los de los mamíferos, ya que el desarrollo en huevo implica un obstáculo técnico mayor. Sin embargo, especialistas como Scott Edwards, de Harvard, consideran valioso que la ciencia se atreva a abordar estos límites. Para él, incluso si no se logra la desextinción total, el proyecto servirá para dimensionar lo que la humanidad ha perdido a lo largo de los siglos.
Colossal también anunció planes de restauración ecológica en Nueva Zelandia, centrados en la rehabilitación de hábitats y apoyo a especies nativas, en línea con su idea de que la ingeniería genética puede servir como “respaldo adicional” en la lucha contra la extinción. Mientras tanto, el debate entre ética, ciencia, conservación y biotecnología sigue vigente, alimentado por la posibilidad de que un ave gigante vuelva a caminar por los bosques neozelandeses siglos después de su desaparición.