Crece en Estados Unidos la presión política para un cambio de régimen en Cuba

Medios y legisladores de Estados Unidos intensifican la retórica contra Cuba, reactivando presiones políticas y económicas, mientras La Habana refuerza su discurso defensivo ante posibles agresiones.

Crece en Estados Unidos la presión política para un cambio de régimen en Cuba

La presión política y mediática en Estados Unidos para impulsar un cambio de régimen en Cuba volvió a intensificarse a finales de enero, en medio de versiones sobre nuevas sanciones, eventuales bloqueos y una ofensiva diplomática contra países que mantienen vínculos con La Habana.

En este contexto, el presidente cubano Miguel Díaz-Canel presenció este fin de semana ejercicios de combate como parte de la preparación del sistema defensivo territorial. El mandatario señaló que estas prácticas representan “la mejor manera de evitar una agresión, para que el imperialismo tenga que calcular cuál sería el precio de agredir a nuestro país”.

Desde Washington y Nueva York, diversos medios estadounidenses difundieron titulares que hablan de un supuesto plan para promover un cambio de régimen en Cuba antes de que concluya el año. Algunas versiones incluso mencionan discusiones internas en la Casa Blanca sobre un eventual bloqueo naval y un endurecimiento de las restricciones financieras y comerciales.

No obstante, fuentes especializadas en política exterior consultadas por La Jornada señalaron que, hasta el momento, no existe un plan concreto ni un calendario oficial para una acción de ese alcance. Aun así, reconocen que las filtraciones selectivas suelen formar parte de campañas de presión y cabildeo dentro del sistema político estadounidense.

Empuje de sectores duros

Durante enero, medios como Politico y The Wall Street Journal reportaron un renovado empuje de sectores conservadores —especialmente legisladores republicanos de Florida— para incrementar la presión sobre La Habana. Estas corrientes consideran que el contexto regional abre una ventana para acelerar un colapso político o forzar una transición negociada.

El secretario de Estado Marco Rubio es señalado como uno de los funcionarios que respaldan un endurecimiento de la política hacia Cuba, incluyendo la posibilidad de limitar el suministro de petróleo y reforzar sanciones económicas.

Sin embargo, voces del ámbito empresarial y del comercio bilateral minimizan la viabilidad de medidas extremas como un bloqueo naval. John Kavulich, presidente del US-Cuba Trade and Economics Council, sostuvo que dentro del gobierno estadounidense no existe consenso para acciones de alto impacto militar o naval, aunque sí se anticipan mayores restricciones a vuelos comerciales, transacciones financieras y relaciones diplomáticas.

México bajo presión

La ofensiva política también se ha extendido hacia México. Legisladores como Carlos Giménez y María Elvira Salazar han exigido públicamente que el gobierno mexicano reduzca o suspenda el envío de petróleo a Cuba, advirtiendo que este tema podría influir en futuras negociaciones del T-MEC.

En mensajes dirigidos a la presidenta Claudia Sheinbaum, los legisladores sostienen que el respaldo energético a Cuba contradice las prioridades de la política exterior estadounidense en el hemisferio.

Un escenario de presión creciente

Aunque hasta ahora no hay señales de una decisión formal para imponer un bloqueo naval o promover operaciones encubiertas, el debate evidencia un aumento sin precedentes de la presión política contra Cuba y contra países que defienden su soberanía y mantienen vínculos con la isla.

Analistas coinciden en que el enfoque actual de Washington privilegia herramientas económicas y financieras como mecanismo de presión, en un escenario regional marcado por tensiones, sanciones y disputas diplomáticas que vuelven a colocar a Cuba en el centro del tablero hemisférico.

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