Cuba advirtió una grave crisis energética en semanas tras los aranceles de Trump a países que le suministren petróleo, medida que Díaz-Canel calificó de fascista.

Cuba podría enfrentar una grave crisis energética en un plazo de seis a ocho semanas si no recibe nuevos suministros de petróleo o combustibles, advirtió el especialista cubano Jorge Piñón, analista del Instituto de Energía de la Universidad de Texas, en declaraciones a la agencia EFE.
El experto explicó que resulta complejo establecer un punto exacto de quiebre debido a la falta de datos oficiales, pero subrayó que el panorama energético de la isla es crítico. Actualmente, Cuba solo logra cubrir alrededor de un tercio de sus necesidades energéticas mediante producción nacional, con aproximadamente 40 mil barriles diarios, frente a una demanda cercana a los 110 mil barriles por día.
La advertencia ocurre tras la firma de una orden ejecutiva del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, que faculta a su gobierno a imponer aranceles a los países que directa o indirectamente vendan o suministren petróleo a Cuba, bajo el argumento de que la isla representa una amenaza para la seguridad nacional y la política exterior estadounidense.
Ante esta decisión, el presidente cubano Miguel Díaz-Canel calificó la medida como una acción de carácter “fascista, criminal y genocida”, al considerar que busca asfixiar la economía cubana mediante la presión a terceros países que comercian de forma soberana con la isla.
“Esta nueva medida evidencia la naturaleza fascista, criminal y genocida de una camarilla que ha secuestrado los intereses del pueblo estadounidense con fines puramente personales”, expresó el mandatario cubano.
Díaz-Canel afirmó que, bajo argumentos que calificó como falsos, el gobierno de Trump pretende profundizar el bloqueo económico, afectando directamente a la población cubana. Asimismo, cuestionó los señalamientos previos de funcionarios estadounidenses que negaban la existencia del bloqueo y lo reducían a un embargo bilateral.
El endurecimiento de la política energética de Washington incrementa la presión sobre Cuba, que atraviesa una prolongada crisis económica y depende en gran medida del abastecimiento externo de combustibles para sostener servicios básicos y su infraestructura energética.