Dos meteoritos hallados en el Sahara podrían ser los primeros fragmentos identificados de Mercurio, el planeta menos explorado del sistema solar.

Investigadores sospechan que dos meteoritos descubiertos en el desierto del Sahara en 2023 podrían tener su origen en Mercurio, el planeta más cercano al Sol y, al mismo tiempo, uno de los menos comprendidos por la ciencia moderna. Si se confirma esta hipótesis, sería la primera vez que se identifican fragmentos de este planeta en la Tierra, lo cual abriría una nueva ventana de conocimiento sobre la evolución del sistema solar.
El estudio, encabezado por Ben Rider-Stokes, investigador postdoctoral de la Open University del Reino Unido, fue publicado en junio en la revista Icarus. En él, se analizan los meteoritos Northwest Africa 15915 (NWA 15915) y Ksar Ghilane 022 (KG 022), cuyos rasgos compositivos sugieren una relación con la superficie rocosa, pobre en hierro y rica en minerales específicos como olivino y piroxeno, elementos también detectados por la sonda MESSENGER en Mercurio.
Aunque Mercurio ha sido visitado por solo dos misiones —la Mariner 10 y la MESSENGER—, los datos recolectados por estas naves han permitido comparar las composiciones químicas de sus rocas con las muestras encontradas. A diferencia de la Luna o Marte, cuyos fragmentos sí han llegado a la Tierra en forma de meteoritos (más de 1,100 casos documentados), Mercurio nunca ha sido confirmado como fuente de algún meteorito, en parte por la dificultad de que fragmentos logren escapar de su intensa atracción solar.
Un hallazgo intrigante del estudio es que los meteoritos parecen haberse formado 500 millones de años antes que la superficie actual de Mercurio, lo cual podría contradecir su supuesto origen. Sin embargo, Rider-Stokes sugiere que esta discrepancia podría deberse a las limitaciones de los métodos actuales de datación, basados en modelos de cráteres y no en análisis absolutos.
Los meteoritos muestran características inéditas que los diferencian de otros hallazgos espaciales, como una ausencia total de hierro metálico y trazas de minerales ricos en azufre, lo que coincide con la composición reducida químicamente de Mercurio, distinta a la de la Tierra y otros planetas interiores.
La comunidad científica aún mantiene cierto escepticismo. Sean Solomon, investigador principal de la misión MESSENGER, expresó sus dudas sobre la procedencia mercuriana de los fragmentos, aunque reconoció su valor para la investigación al compartir rasgos con materiales superficiales de Mercurio.
Este hallazgo reaviva el interés por la misión BepiColombo, de la Agencia Espacial Europea, que se espera entre en órbita alrededor de Mercurio en 2026 y comience a enviar datos más precisos en 2027. La misión podría confirmar o refutar definitivamente teorías como la de Rider-Stokes, aportando nuevas pistas sobre la historia geológica del planeta más cercano al Sol.
A pesar de la incertidumbre, la posibilidad de que los meteoritos provengan de Mercurio ha generado entusiasmo entre los astrónomos. No solo porque sería un logro científico excepcional, sino porque permitiría estudiar directamente los materiales que formaron el planeta más interno del sistema solar, algo que hoy en día se considera una misión extremadamente costosa y técnicamente desafiante.
Rider-Stokes presentará sus hallazgos esta semana durante la reunión anual de la Sociedad Meteorítica en Perth. “Por ahora, no podemos probar que no vengan de Mercurio, y eso los convierte en un tema importante de debate”, concluyó.