Un nuevo informe revela que en México, el nivel educativo no garantiza el ascenso social: las circunstancias familiares siguen marcando el destino de millones.

En México, la educación por sí sola no basta para garantizar mejores condiciones de vida. Así lo demuestra el más reciente Informe de Movilidad Social 2025 elaborado por el Centro de Estudios Espinosa Yglesias (CEEY), que evidencia cómo el origen familiar tiene más peso que el nivel educativo alcanzado por una persona.
Historias como las de Patricia Morales Amalla y Ana María Axotla Castañeda ilustran esta desigualdad estructural. Patricia, de 55 años, sirve jugos en su puesto mientras recuerda con nostalgia sus años de formación profesional, en los que aspiraba a trabajar en medios de comunicación. Las pocas oportunidades laborales que tuvo fueron fugaces y mal remuneradas. Ana María, de 52 años, apenas ahora se plantea estudiar Derecho, luego de décadas de trabajo informal, pues por mucho tiempo su familia no pudo costearle una carrera.
Ambas mujeres fueron estudiantes responsables y con ganas de salir adelante, pero su esfuerzo no fue suficiente para romper el ciclo de desigualdad en el que crecieron. El estudio del CEEY señala que en México, los hijos de padres con educación universitaria rara vez abandonan la escuela, mientras que el 39% de quienes nacen en hogares donde los padres tienen solo primaria o menos, permanecen en el mismo nivel educativo toda su vida.
Esta tendencia revela un patrón que se repite generación tras generación: la movilidad social está estancada, y el mérito individual pocas veces logra imponerse ante las barreras estructurales del país. El acceso a la educación superior sigue siendo desigual y, aun cuando se alcanza, no necesariamente se traduce en empleos dignos o bien remunerados.
La falta de oportunidades reales, las condiciones del mercado laboral, los sesgos de clase y género, así como la informalidad persistente, siguen condenando a millones de personas a no ver reflejado su esfuerzo académico en mejoras concretas en su calidad de vida.
Este es el panorama que retrata la tercera y última entrega de la serie “Desigualdad en México”, una radiografía urgente sobre la necesidad de construir un país donde el origen no defina el destino.