La demanda de memoria por parte de la inteligencia artificial ha generado escasez de RAM, impulsando el regreso de configuraciones de 8 GB en dispositivos nuevos y encareciendo el hardware.

Durante años se asumió que la memoria RAM evolucionaría de forma constante: mayor velocidad, menor costo y capacidades cada vez más amplias. Sin embargo, ese paradigma se ha roto en 2025, y el principal factor detrás del cambio es la expansión acelerada de la inteligencia artificial.
La RAM es el espacio de trabajo temporal donde se cargan el sistema operativo y las aplicaciones en uso. A mayor cantidad de memoria, mayor fluidez para ejecutar múltiples tareas. No obstante, los grandes modelos de lenguaje como ChatGPT, Copilot, Gemini o DeepSeek requieren enormes volúmenes de RAM para su entrenamiento y operación, lo que ha provocado una competencia directa por este recurso estratégico.
Esta presión ha derivado en una escasez histórica de memorias RAM, afectando la cadena de producción de millones de dispositivos electrónicos. Como consecuencia, fabricantes de computadoras portátiles han comenzado a relanzar equipos nuevos con apenas 8 GB de RAM como configuración base, una decisión que responde más a razones económicas que técnicas.
De acuerdo con reportes citados por medios especializados como FayerWayer, el objetivo de esta estrategia es mantener precios de entrada “competitivos” ante el encarecimiento de los componentes. El resultado es un mercado que, paradójicamente, se asemeja al de hace una década, pese al avance tecnológico general.
En el contexto actual, aplicaciones de uso cotidiano como navegadores web, plataformas de mensajería o servicios de streaming consumen una cantidad significativa de memoria. Bajo estas condiciones, 8 GB de RAM resultan insuficientes incluso para tareas básicas, convirtiéndose en un cuello de botella desde el primer uso del equipo.
Hace diez años, esta cantidad de memoria era sinónimo de una experiencia premium. En 2020, los 16 GB se consolidaron como el estándar para usuarios exigentes. Hoy, en cambio, esa misma capacidad vuelve a percibirse como aspiracional, mientras que los kits de memoria RAM DDR5 alcanzan precios comparables a los de tarjetas gráficas de alto rendimiento.
El impacto también se extiende al mercado de los videojuegos. En computadoras, los títulos modernos demandan cada vez más recursos, mientras los jugadores enfrentan un aumento en los costos del hardware. En consolas, la situación no es distinta, con recientes incrementos de precio anunciados por Sony y Microsoft para el PlayStation 5 y las Xbox Series, plataformas con varios años en el mercado.
A largo plazo, los especialistas no anticipan una normalización rápida. Mientras la inteligencia artificial continúe siendo el principal motor de inversión tecnológica, la memoria RAM seguirá siendo un recurso limitado y altamente demandado.
Este escenario contradice el espíritu de la Ley de Moore, que planteaba una reducción constante de costos y un aumento sostenido del rendimiento. El avance tecnológico persiste, pero su acceso se concentra, alejándose de la democratización que caracterizó a décadas anteriores.
La infraestructura que sostiene la inteligencia artificial está redefiniendo el futuro de la computación personal. En ese proceso, el costo de la innovación recae cada vez más en los usuarios, quienes enfrentan dispositivos más caros y, en algunos casos, menos capaces que los de años recientes.