Aria Covamonas, reconocida artista de la animación experimental mexicana, murió en Oaxaca; su obra fue ampliamente valorada en festivales internacionales como Morelia y Róterdam.

La comunidad cinematográfica en México y el extranjero se encuentra de luto tras la confirmación del fallecimiento de Aria Leonora Guzmán Casanova, conocida artísticamente como Aria Covamonas, figura clave de la animación experimental contemporánea. La noticia fue dada a conocer por la diputada capitalina Diana Sánchez Barrios. Hasta el momento, no se han revelado detalles sobre las circunstancias de su muerte.
Nacida en Monterrey, Nuevo León, en 1979, Covamonas forjó una carrera autodidacta al margen de las escuelas convencionales de cine. Su trabajo, profundamente influenciado por el dadaísmo, el surrealismo y la obra de artistas como Hannah Höch, rompió con las estructuras narrativas tradicionales y se consolidó como una propuesta audaz dentro del panorama del cine de autor.
Entre sus recursos más distintivos estaba el uso de recortes animados, imágenes de dominio público y pistas de audio extraídas de películas asiáticas, con un especial gusto por el cine chino. Covamonas construía sus piezas a través de lo fragmentario, combinando sonidos, gestos y texturas sin una lógica lineal, sino como resultado de lo que ella misma llamaba una «máquina imaginaria» de creación.
Su debut fílmico llegó en 2017 con Camille Saint-Saëns’ The Carnival of the Animals, al que siguieron trabajos como Taxidermy for Beginners, Unidentified Item No. 984, Hideouser and Hideouser, Introduction to the History of Western Philosophy, y Socrates’ Adventures in the Under Ground, este último presentado en el Festival Internacional de Cine de Morelia en 2021.
En 2024, Aria Covamonas presentó su primer largometraje: La gran historia de la filosofía occidental, una pieza animada que entrelaza filosofía, arte gráfico y mitología oriental. La película fue seleccionada en competencia oficial en el Festival Internacional de Cine de Róterdam (IFFR) en 2025 y recibió atención internacional por su propuesta poética, irracional y fuertemente experimental. Su distribución corrió a cargo de Miyu Distribution, especializada en animación independiente de vanguardia.
La obra mezclaba referencias al pensamiento occidental con personajes del imaginario asiático, como el icónico Mono de Journey to the West. El proceso de creación fue meticuloso: Covamonas diseñaba secuencias de apenas dos segundos, repetidas con variaciones para formar un ritmo visual inestable pero magnético.
Más allá del lenguaje técnico, Aria Covamonas representó una disidencia estética en el panorama fílmico nacional. Su trabajo fue celebrado en festivales de cine en Francia, México y Países Bajos, así como en medios especializados como ZippyFrames, The Film Verdict e Imcine. Su forma de ver el mundo a través del montaje caótico, la reapropiación cultural y el juego sonoro, inspiró a nuevas generaciones de animadores y cineastas.
El legado de Aria Covamonas no solo está en sus películas, sino en su convicción de que el cine es una forma de pensar sin estructuras fijas. Su ausencia deja un vacío en el cine mexicano, pero también una ruta abierta para quienes creen en el arte como exploración y ruptura.