Los 3 hábitos tóxicos que están dañando tu relación sin que te des cuenta

Psicólogos de UCLA, la Universidad de Virginia y la Universidad Clark identifican tres hábitos tóxicos frecuentes en las peleas de pareja y explican cómo reemplazarlos por estrategias más sanas.

Psicólogos de UCLA y otras universidades identifican tres hábitos tóxicos que dañan las relaciones de pareja durante los conflictos. ¿Los reconoces en tu relación? Descubre cómo cambiarlos aquí.

Discutir con la pareja es algo que tarde o temprano ocurre en cualquier relación. El conflicto, según Andrew Christensen, reconocido profesor de investigación del departamento de psicología de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA), es inevitable y normal entre las parejas. Lo que marca la diferencia no es si se pelea, sino cómo se pelea.

Más allá de los llamados «cuatro jinetes del apocalipsis de las relaciones», que incluyen la crítica, la actitud defensiva, el desprecio y la evasión, los expertos identifican otros patrones igual de dañinos que suelen pasar desapercibidos. Tres de ellos merecen atención especial.

El primero es ver la pelea como una competencia con ganador y perdedor. James Cordova, profesor de psicología de la Universidad Clark y especialista en relaciones de pareja, advierte que este enfoque es absolutamente destructivo para la intimidad, porque cuando una persona gana, la otra pierde, y ambas terminan sintiéndose insatisfechas. La alternativa que propone es replantear el conflicto como un rompecabezas que se resuelve en equipo, no como una batalla que hay que ganar. James Coan, neurocientífico de la Universidad de Virginia, va en la misma línea y recomienda adoptar lo que los negociadores llaman un enfoque de ganancias mutuas: en lugar de dividir lo que hay, construir algo más grande para los dos. Antes de que una discusión escale, sugiere hacerse una pregunta simple pero poderosa: ¿quiero tener razón o quiero que seamos felices?

El segundo hábito tóxico es usar las palabras del terapeuta como arma durante una pelea. Frases como «mi terapeuta dice que eres un narcisista» o «mi psicólogo me dijo que debería confrontarte» son lo que Coan llama «citar a la autoridad», una estrategia que coloca a la pareja en una posición sin salida, porque ya no está respondiendo a la persona con quien discute sino a una figura de autoridad externa. Tracy Dalgleish, psicóloga especializada en parejas, recomienda en estos casos volver a uno mismo: ¿qué necesito realmente en este momento? ¿Por qué siento que tengo que reforzar mi argumento? La respuesta a esas preguntas, compartida con honestidad, es mucho más útil que cualquier cita terapéutica usada fuera de contexto.

El tercero es lo que Cordova ha bautizado como «hacer el Sméagol», en referencia al personaje de El Señor de los Anillos que oscila entre la agresividad y el llanto. En una pelea, este patrón aparece cuando una persona, al recibir una queja, responde con frases como «soy lo peor, ni siquiera sé por qué estás conmigo», desvía el foco del problema real y convierte su propio malestar en el centro de la conversación. Aunque parece una rendición, Christensen aclara que en realidad es una forma pasiva de contraataque: se exagera la crítica hasta volverla un absurdo para invalidarla. La salida saludable, según Cordova, es resistir el impulso de refugiarse en uno mismo, reconocer la experiencia del otro con compasión y regresar al problema concreto que generó la discusión.

La ciencia del conflicto en pareja no busca eliminar las peleas sino transformarlas en conversaciones que acerquen en lugar de distanciar. Identificar estos patrones es el primer paso para cambiarlos, y ese cambio, según los expertos, puede marcar una diferencia real en la calidad y durabilidad de una relación.

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