Un estudio en Nuevo México revela que los dinosaurios prosperaban antes del impacto del asteroide, desafiando la idea de que estaban en declive previo a su extinción.

Un nuevo estudio realizado en la cuenca de San Juan, en el noroeste de Nuevo México, ofrece una visión inédita de los últimos días de los dinosaurios y sugiere que estos animales no estaban en declive, sino prosperando, poco antes de su extinción hace 66 millones de años.
Los fósiles encontrados en el Miembro Naashoibito, parte de una formación geológica del Cretácico tardío, muestran un ecosistema diverso y activo con distintas especies de dinosaurios, incluyendo gigantes de cuello largo como el Alamosaurus, así como hadrosaurios y tiranosaurios. La investigación, publicada en la revista Science, concluye que los dinosaurios “estaban bien, estaban prosperando”, según palabras de Andrew Flynn, autor principal del estudio y profesor de ciencias geológicas en la Universidad Estatal de Nuevo México.
“Esto contradice una idea de larga data de que hubo un declive prolongado en la diversidad de dinosaurios antes de la extinción masiva”, explicó Flynn. “El impacto del asteroide fue el evento que los eliminó”.
El trabajo del equipo, iniciado en 2011, consistió en fechar las capas de roca que contenían fósiles y compararlas con otras formaciones de referencia, como la Hell Creek, en Montana y Dakota del Norte. Los resultados indican que las rocas del Miembro Naashoibito corresponden al mismo periodo temporal, apenas 380 mil años antes del impacto del asteroide, lo que convierte al sitio en una de las últimas evidencias directas de vida dinosauriana antes de la catástrofe.
Los investigadores emplearon técnicas de datación radiométrica y magnetoestratigrafía —basadas en la orientación del campo magnético terrestre en las rocas— para establecer la edad de los fósiles con alta precisión. Según los resultados, los mamíferos aparecieron unos 350 mil años después del evento de extinción masiva.
El estudio también permitió comparar los ecosistemas de Norteamérica, mostrando diferencias claras entre el norte y el sur del continente. En la región sur, los dinosaurios prosperaban en entornos cálidos y húmedos, similares a los bosques tropicales modernos, mientras que en el norte prevalecían climas más fríos y especies distintas.
El Alamosaurus, uno de los animales más grandes que han existido, medía más de 30 metros de largo y pesaba unas 30 toneladas. Su presencia demuestra que los grandes saurópodos aún existían en el sur de Norteamérica al momento del impacto.
El coautor del estudio, Steve Brusatte, de la Universidad de Edimburgo, destacó la magnitud del hallazgo: “El hecho de que uno de los animales más grandes que jamás haya vivido presenciara el impacto del asteroide muestra que los dinosaurios seguían prosperando hasta el final”.
Otros expertos, como Michael Benton, de la Universidad de Bristol, y Darla Zelenitsky, de la Universidad de Calgary, coincidieron en que el estudio podría reescribir la narrativa sobre el fin de los dinosaurios, aunque advirtieron que representa solo una parte del panorama global.
La investigación subraya que el evento de extinción masiva fue repentino y devastador, eliminando cerca del 75% de las especies de la Tierra. “El cambio ambiental repentino puede tomar por sorpresa a los ecosistemas y derrotar incluso a las especies más fuertes”, concluyó Brusatte.