Misión DART: Confirman que la NASA logró alterar la órbita solar de un asteroide

Nuevos datos confirman que la misión DART de la NASA no solo desvió al pequeño asteroide Dimorphos, sino que alteró permanentemente la órbita de todo el sistema binario alrededor del sol, validando la técnica de impacto cinético para proteger nuestro planeta.

La NASA confirma el éxito de la misión DART: ¿Cómo un choque a millones de kilómetros cambió la órbita de un asteroide? Descubre los nuevos datos de 2026.

Lo que comenzó como un choque intencional en 2022 ha culminado en una victoria histórica para la defensa de la Tierra. Un estudio publicado recientemente en la revista Science Advances revela que la misión DART (Prueba de Redirección de Doble Asteroide) logró alterar la trayectoria del sistema binario compuesto por los asteroides Didymos y Dimorphos de una manera más profunda de lo que se creía originalmente.

Aunque el objetivo principal era Dimorphos (la luna menor), el impacto fue tan potente que modificó la velocidad orbital de ambos cuerpos mientras giran alrededor del sol. El Dr. Rahil Makadia, autor principal del estudio, detalló que el cambio en la velocidad fue de apenas 11.7 micrones por segundo ($1.17 \times 10^{-5}$ m/s). Aunque parece una cifra insignificante, en las distancias astronómicas del espacio profundo, este pequeño «empujón» es la diferencia entre un impacto catastrófico contra la Tierra y un paso seguro a miles de kilómetros de distancia.

El poder de los escombros

Uno de los hallazgos más sorprendentes es que la propia nave espacial no fue la única responsable del desvío. El choque liberó una nube de 16 millones de kilogramos de escombros, la cual actuó como un motor de propulsión adicional. La fuerza de este material expulsado generó más impulso que el impacto cinético de la sonda misma, logrando:

  • Reducción de la órbita solar: El tiempo total de traslación se redujo en 0.15 segundos.
  • Efecto multiplicador: Los escombros liberados fueron 30,000 veces mayores que la masa de la nave DART.

Para medir este cambio casi imperceptible, la NASA contó con el apoyo de una red global de 22 astrónomos voluntarios que rastrearon «ocultaciones estelares» (el breve parpadeo de una estrella cuando el asteroide pasa frente a ella). Esta coordinación internacional permitió cálculos de una precisión sin precedentes, validando que la humanidad cuenta ahora con la tecnología para «empujar» rocas espaciales peligrosas hacia órbitas benignas.

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