Con Starship aún en pruebas y China avanzando rápido, la NASA enfrenta crecientes dudas sobre su capacidad para regresar a la Luna antes de 2030.

La NASA enfrenta uno de los momentos más decisivos de su historia moderna. Mientras el mundo observa el próximo lanzamiento del megacohete Starship de SpaceX, programado para este lunes, crece la duda sobre si Estados Unidos podrá volver a la Luna antes que China, su principal competidor espacial.
Según Bill Nye, director ejecutivo de The Planetary Society, la Administración Nacional del Espacio de China podría lograr un alunizaje tripulado en los próximos cinco años. “Este es un punto de inflexión histórico”, advirtió Nye, al referirse a la posibilidad de que Beijing supere a la NASA en una nueva carrera espacial.
El problema radica en la complejidad técnica de Starship, el cohete más grande y poderoso jamás construido. Aunque promete revolucionar los viajes espaciales, el sistema aún no ha superado varios hitos críticos, incluyendo el reabastecimiento de combustible en órbita, una maniobra nunca antes realizada. De los diez vuelos de prueba hasta ahora, seis han terminado en fallas y uno de los prototipos explotó durante ensayos en tierra.
El Vuelo 11 de Starship, que despegará desde Texas, será una nueva oportunidad para SpaceX de demostrar avances. Sin embargo, estimaciones de ingenieros del Centro Espacial Johnson indican que una sola misión lunar del programa Artemis III podría requerir entre 10 y 40 lanzamientos de Starship para transportar el combustible necesario.
“Es una arquitectura extraordinariamente compleja”, reconoció Jim Bridenstine, exadministrador de la NASA, quien aseguró que ningún dirigente anterior habría elegido este enfoque.
La decisión de usar Starship como vehículo lunar fue tomada en 2021, antes de que el Senado confirmara a un nuevo administrador. Desde entonces, la agencia ha recibido fuertes críticas por depender de un sistema aún experimental.
El administrador interino de la NASA, Sean Duffy, defendió el proyecto ante los cuestionamientos del Congreso, asegurando que la agencia “no permitirá que esa sea la historia que se escriba”.
“Vamos a ganarle a los chinos en la Luna”, afirmó.
Aun así, varios expertos dudan que la misión Artemis III pueda concretarse antes de 2027, como está planeado.
Por qué Artemis no es un nuevo Apolo
A diferencia del programa Apolo, que utilizaba un único cohete Saturno V con todo el equipo a bordo, Artemis requiere una compleja secuencia orbital. Primero, una Starship actuará como depósito de combustible en órbita terrestre, mientras otras versiones del mismo vehículo despegan únicamente para transferir propelente.
Una vez completado el proceso —que debe hacerse con rapidez para evitar la evaporación del combustible criogénico—, una Starship HLS (Human Landing System) equipada para tripulación viajará a la Luna.
En paralelo, los astronautas despegarán a bordo de la nave Orión, impulsada por el Sistema de Lanzamiento Espacial (SLS). Ambas naves se encontrarán en la órbita lunar, donde Orión se acoplará con Starship antes del descenso hacia el polo sur lunar, una zona inexplorada con potencial presencia de hielo.
“No se trata de plantar una bandera”, dijo el exadministrador Bill Nelson, “sino de establecer una presencia humana sostenible en la Luna”.
Retrasos, política y dudas
Sin embargo, críticos como Doug Loverro, exfuncionario de la NASA, consideran que el plan depende demasiado de una tecnología aún inmadura. “Es casi una apuesta imposible de calcular”, advirtió, al referirse a la transferencia de combustible en el espacio.
SpaceX fue elegida en 2021 como contratista principal del módulo de alunizaje con un contrato de 2,900 millones de dólares, superando a Blue Origin, que posteriormente presentó una demanda sin éxito. No obstante, tras conseguir nuevos fondos, la NASA incorporó a Blue Origin como segundo proveedor en 2023 para futuras misiones Artemis.
A pesar de las críticas, otros líderes de la industria destacan la trayectoria de SpaceX en proyectos previos con la NASA, como el programa de Tripulación Comercial. “Tienen un historial de prometer lo imposible y lograrlo”, aseguró Paul Hill, miembro del Panel Asesor de Seguridad Aeroespacial (ASAP).
El propio Hill reconoció que el calendario de Starship está “significativamente retrasado”, pero elogió la capacidad de innovación de la empresa.
“No hay ningún competidor con esta combinación de talento y determinación”, dijo.
Con China avanzando en su propio programa lunar tripulado, los próximos meses serán decisivos. Si Starship logra un lanzamiento exitoso este lunes, podría marcar el inicio del renacer de la ambición lunar estadounidense. Si falla, el liderazgo espacial de la NASA podría estar más comprometido que nunca.