Nuevas observaciones del exoplaneta K2-18b confirman la presencia de agua, pero descartan señales biológicas, poniendo en duda la detección de biofirmas en mundos lejanos.

El entusiasmo por la posible existencia de vida en el exoplaneta K2-18b se desvaneció tras nuevas observaciones lideradas por la NASA, que confirman que este mundo, ubicado a 124 años luz de la Tierra, carece de señales biológicas concluyentes. Aunque se halló abundante agua y gases como metano y dióxido de carbono, no se encontraron evidencias sólidas del sulfuro de dimetilo (DMS), el gas que meses atrás alimentó las especulaciones sobre vida extraterrestre.
El planeta, observado mediante el telescopio espacial James Webb, se había convertido en el centro del debate científico desde abril, cuando un equipo de Cambridge sugirió que podría albergar un océano lleno de vida. Sin embargo, el nuevo estudio reveló que, incluso si existiera DMS en su atmósfera, este podría formarse por procesos químicos sin intervención biológica.
Los científicos subrayan que las biofirmas, señales que podrían indicar vida, son mucho más difíciles de confirmar de lo que se creía. El hallazgo refuerza la idea de que, aunque K2-18b es un “mundo rico en agua”, según el investigador Renyu Hu, su atmósfera y dinámica química son profundamente distintas a las de la Tierra.
El trabajo también señala que los exoplanetas pueden desafiar nuestras nociones sobre habitabilidad. Mientras algunos soñaban con vida más allá del sistema solar, los expertos advierten que incluso la detección de gases similares a los producidos por organismos terrestres no basta para confirmar su origen biológico.
Pese a esta decepción, el avance representa un paso crucial: demuestra la capacidad de la ciencia para caracterizar mundos lejanos y refuerza la necesidad de seguir perfeccionando métodos que permitan diferenciar procesos naturales de posibles señales de vida.