El festejo de quiere volar puede derivar en lesiones graves, daños permanentes y responsabilidades legales para quienes participan en esta práctica durante celebraciones deportivas.

Las victorias de la Selección Mexicana suelen reunir a miles de aficionados en plazas, calles, estadios y bares para celebrar. Sin embargo, entre las expresiones de entusiasmo que se han popularizado en los últimos años destaca el llamado «quiere volar», una práctica que, aunque aparenta ser inofensiva, puede representar un riesgo importante para la salud y generar consecuencias legales.
Este festejo consiste en que un grupo de personas carga a un aficionado y lo impulsa varias veces por los aires mientras el resto corea «quiere volar». Quienes participan confían en que el mismo grupo logrará sujetarlo durante la caída, aunque la maniobra suele realizarse sin coordinación, sin medidas de protección y, en muchos casos, bajo los efectos del alcohol o en medio de aglomeraciones.
Especialistas advierten que el principal riesgo lo enfrenta la persona lanzada, ya que al quedar suspendida pierde completamente el control sobre su cuerpo y depende de la capacidad del grupo para amortiguar la caída. Un pequeño error puede provocar que golpee directamente contra el concreto, el pavimento o cualquier otra superficie dura.
Entre las lesiones de mayor gravedad se encuentran los traumatismos craneoencefálicos. Un impacto directo en la cabeza puede ocasionar desde una conmoción cerebral hasta fracturas de cráneo, hemorragias internas o lesiones que comprometan la vida de la persona.
El cuello y la columna vertebral también son especialmente vulnerables. Una caída en una posición incorrecta puede provocar latigazo cervical, esguinces severos, lesiones en la médula espinal e incluso secuelas permanentes, como pérdida parcial o total de la movilidad.
Las extremidades representan otra de las zonas con mayor riesgo. Durante el descenso, la reacción natural suele ser intentar amortiguar el golpe con brazos o piernas, lo que incrementa la probabilidad de fracturas en muñecas, hombros, brazos, tobillos o piernas, además de luxaciones y lesiones articulares.
Incluso cuando la persona logra ser atrapada, el peligro no desaparece. La fuerza ejercida por varias personas al intentar detener la caída puede ocasionar contusiones, lesiones musculares, fisuras en las costillas o golpes en el tórax y el abdomen que, en algunos casos, pueden afectar órganos internos.
Los riesgos no se limitan únicamente a quien es lanzado. Las personas que participan en la maniobra también pueden sufrir lesiones debido al esfuerzo físico que implica levantar y sostener el peso de un adulto. Entre las afectaciones más comunes se encuentran lesiones lumbares, desgarres musculares, esguinces y hernias de disco provocadas por la sobrecarga.
Durante el descenso también existe la posibilidad de recibir golpes involuntarios con codos, rodillas o la cabeza de la persona que cae, lo que puede ocasionar fracturas nasales, hematomas, lesiones oculares, contusiones y daños en muñecas o dedos al intentar detener el impacto.
Además de las consecuencias médicas, esta práctica puede derivar en responsabilidades legales. Si una persona resulta lesionada, quienes participaron directamente en el lanzamiento podrían enfrentar reclamaciones civiles para cubrir gastos médicos, hospitalarios, tratamientos, rehabilitación, medicamentos e incluso indemnizaciones por pérdida de ingresos o por secuelas permanentes.
En el ámbito penal, las autoridades podrían investigar los hechos como lesiones culposas cuando se determine que la conducta fue imprudente o negligente, aun cuando no existiera la intención de causar daño. Si las lesiones generan incapacidad permanente o provocan el fallecimiento de la víctima, las consecuencias jurídicas pueden ser considerablemente más graves.
En eventos multitudinarios también podría analizarse la posible responsabilidad de organizadores o autoridades encargadas del lugar si se determina que existió omisión en las medidas de seguridad.
Aunque el «quiere volar» se ha convertido en una imagen frecuente durante las celebraciones deportivas, especialistas recomiendan evitar este tipo de prácticas y optar por formas de festejo que no pongan en riesgo la integridad física de los aficionados ni puedan derivar en consecuencias legales.
