Satélite inactivo emite potente señal y desconcierta a astrónomos

Una señal de radio extremadamente potente detectada en junio resultó provenir de un satélite inactivo desde 1964, revelando riesgos de confusión en investigaciones astronómicas.

Satélite

Un satélite que lleva décadas inactivo sorprendió recientemente a la comunidad astronómica internacional al emitir una potente señal de radio que inicialmente fue interpretada como un fenómeno cósmico inédito. La detección fue realizada por un grupo de astrónomos australianos, quienes al principio pensaron que se trataba de una ráfaga rápida de radio, un tipo de señal que suele provenir de galaxias lejanas.

La señal fue captada el 13 de junio mediante el radiotelescopio ASKAP, ubicado en el condado de Wajarri Yamaji, Australia Occidental. Este sistema, compuesto por 36 antenas parabólicas, detectó una ráfaga tan brillante que por unos instantes eclipsó cualquier otra fuente de radio en el cielo.

Inicialmente, los investigadores del Instituto Curtin de Radioastronomía creyeron haber hallado algo desconocido y distante. Sin embargo, tras un análisis detallado, descubrieron que la fuente estaba a solo 4,500 kilómetros de la Tierra. Todos los indicios apuntaron al Relay 2, un satélite lanzado por la NASA en 1964, en desuso desde 1967 y catalogado como basura espacial.

Al analizar el origen de la señal, los científicos concluyeron que probablemente fue causada por una acumulación de carga electrostática en la superficie metálica del satélite. Esta carga, al liberarse repentinamente, habría generado una chispa muy potente que emitió la señal de radio. Esta explicación es respaldada por la experiencia previa con descargas similares en satélites GPS.

Aunque una segunda hipótesis considera que un micrometeorito podría haber impactado al satélite, generando una explosión de plasma radiactivo, esta opción es menos probable. Sin embargo, ambos fenómenos no se excluyen mutuamente, ya que un impacto podría haber sido el detonante de la descarga electrostática.

El evento dejó una valiosa lección para los astrónomos. El equipo liderado por Clancy James advirtió que, con la creciente presencia de satélites y basura en órbita, aumentan los riesgos de confundir señales artificiales con fenómenos astrofísicos reales. Desde el inicio de la era espacial, más de 22,000 satélites han sido lanzados y más de la mitad ya no están operativos.

Este descubrimiento también subraya la importancia de mejorar los métodos para distinguir entre señales provenientes del espacio profundo y aquellas generadas cerca de la Tierra. La señal detectada por el ASKAP duró solo unos nanosegundos, pero fue entre 2,000 y 3,000 veces más brillante que cualquier otra registrada por el instrumento.

Expertos como James Cordes, de la Universidad de Cornell, y Ralph Spencer, de la Universidad de Manchester, coincidieron en que las conclusiones del estudio son válidas y que este tipo de eventos podrían ser más comunes de lo que se pensaba.

Experimentos de próxima generación, como el Square Kilometre Array (SKA-Low), actualmente en construcción en Australia, podrían ayudar a detectar y comprender mejor estos fenómenos. Mientras tanto, este hallazgo sirve como recordatorio del complejo entorno orbital que rodea a nuestro planeta.

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