El presidente Donald Trump afirmó que tendría el «honor» de tomar o liberar a Cuba, calificándola de «Estado fallido» y exigiendo la renuncia de Miguel Díaz-Canel como condición para cualquier acuerdo.

Desde la Casa Blanca, el presidente estadounidense Donald Trump endureció su retórica contra el gobierno de Cuba al afirmar ante periodistas que se siente con el derecho de actuar con total libertad sobre la isla. Durante una ceremonia oficial, el mandatario calificó al país caribeño como un «Estado fallido» y aseguró que probablemente tendría el «honor» de tomar o apoderarse de dicho territorio. Al ser cuestionado sobre si esta acción implicaría una estrategia militar similar a la aplicada recientemente contra Irán, Trump evitó dar detalles específicos, limitándose a decir que Cuba es el siguiente adversario en su lista de prioridades internacionales.
Esta postura coincide con información revelada por el diario The New York Times, la cual señala que la administración Trump ha condicionado cualquier avance significativo en las negociaciones bilaterales a la renuncia del mandatario cubano, Miguel Díaz-Canel. Según fuentes cercanas a estas conversaciones, Washington ha dejado claro que Díaz-Canel debe abandonar el poder, aunque la estructura del gobierno actual podría mantenerse si los propios cubanos así lo deciden. El propio Díaz-Canel confirmó recientemente la existencia de diálogos entre ambas naciones, aunque sin profundizar en los términos de los mismos.
La presión estadounidense se justifica, según Washington, en que Cuba representa una «amenaza excepcional» para la seguridad nacional debido a su cercanía geográfica con Florida y sus sólidas alianzas con Rusia, China e Irán. Esta visión es respaldada por figuras republicanas clave como el senador Lindsey Graham, quien celebró la ofensiva de Trump contra regímenes autoritarios y confirmó que la isla es el objetivo inmediato tras las acciones emprendidas en el Golfo Pérsico.
Desde su regreso a la presidencia en 2025, Trump ha mantenido una política hostil hacia los gobiernos de izquierda en América Latina. Sus declaraciones sugieren que Estados Unidos no se limitará a sanciones económicas, sino que considera a Cuba como una pieza estratégica que debe ser intervenida o «liberada» para alinearse con los intereses de su administración, marcando uno de los puntos más críticos en la relación diplomática entre ambos países en décadas.